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      He oído a quienes dicen que llegó el Otoño. Escuché a quienes cuentan que ya huele a primavera. En mi jardín florece el Otoño. Una Mariposa revoltosa, enamorada de una flor, lo ha vestido de eterna Primavera. ¡Feliz Primavera-Otoño-Primavera! Aulli2 del Clan … Seguir leyendo →
      Medina Loba Colorá
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      Medina Loba Colorá
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      La energía de este mes es fresca y renovada. Es como la primavera.Hay una energía luminosa y con una sensación de claridad.Encontraremos una nueva información para cambiar nuestro punto de vista que hará que, la verdad, salga a la superficie.Esto a … Seguir leyendo →
      Medina Loba Colorá
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      Traigo buenas nuevas que contaros. “El Clan de la Cicatriz”, nuestro Clan, ha sido nominado a los PREMIOS DARDOS, que reconocen la creatividad de aquellos blogs que saben transmitir “valores personales, culturales, éticos y literarios” de forma original. Los premios … Seguir leyendo →
      Medina Loba Colorá
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       Las mujeres que se sienten cómodas consigo mismas se ríen mucho juntas, sobre todo las que llegan a la edad madura. Se ha sugerido numerosas veces que la risa entre mujeres es el lado oculto de su sexualidad.  Las chanzas de Baubo no … Seguir leyendo →
      Medina Loba Colorá
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      Originalmente publicado en Periodismo Alternativo: A menudo nos acostumbramos a vivir sin asumir ningún riesgo, nos construimos una burbuja y nos esforzamos por que esta, nunca explote. Vivimos acomodados en las programaciones que nos instalaron de pequeños y nos cuesta…
      Medina Loba Colorá
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      Les hablo como Mujer Búfalo del Norte, hermana mayor. Soy Mujer Tierra, enraizada profundamente en este suelo; soy Mujer Espíritu, portadora del Gran Misterio. Hoy vengo a hablarles de la Posada de la Abuela a aquéllas que ya estén allí … Seguir leyendo →
      Medina Loba Colorá
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      En nuestras vidas, aunque un episodio equivalga a una “caida”, una pérdida, una profunda herida siempre hay otro capítulo que nos espera y después otro, y otro, y otro más… Siempre hay oportunidades de arreglarlo, de configurar nuestras vidas de … Seguir leyendo →
      Medina Loba Colorá
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      La Luna Solar Roja trae el poder supremo de la purificación con el poder sanador del Agua Universal de la Compasión. La purificación es la fuente y el poder sanador del Amor. Este año que hoy comienza es el año de … Seguir leyendo →
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      Yo también tengo un hada en mi casa La encontré en el  tejado con la cola del vestido en llamas Era por la mañana, la casa olía a café. Y en la calle todo estaba cubierto de escarcha Hoy, ha … Seguir leyendo →
      Medina Loba Colorá
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      El Rebaño Aturdido.-  Una vez que usted ha condicionado una generación para pensar de la manera que usted requiere, se hace aun más fácil condicionar la próxima generación.  Usted tiene ahora los padres programados trabajando inadvertidamente en su beneficio condicionando sus hijos para que acepten su propia visión condicionada de la vida.  Tales padres no h […]
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      Aquel que se llamó a sí mismo “Valum Votan” vuela ya hacia el Hunab Ku (el centro de la galaxía según la mitología maya), libre de la ataduras de su cuerpo físico. Nos queda una nueva interpretación de la cultura maya, un descubrimiento que nos ha aproximado más a esta poderosa civilización, y una controversia acerca de su legado. Recordémosle con una de sus […]
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La Dulce Revolución. Sembrando Libertad.

 

“Este es el trabajo que tenemos que hacer:

presionar desde abajo,

organizarnos como sociedad que está harta de medicaciones artificiales y químicas

y exigir que la  sanidad pública dé a conocer

las alternativas naturales

para la curación de enfermedades”

  -.La legalización de la Stevia.-

         Sembrando Libertad.

 

  La Stevia es una planta originaria de Paraguay, descubierta ya hace más de un siglo por el naturalista Moisés Bertoni, y de uso milenario por los guaranís, habitantes indígenas de Paraguay.

 Esta planta, en su estado natural, es unas 20 veces más dulce que el azúcar y pronto el interés por ella creció para hacer concentrados llegando a los actuales, 300 veces más dulces que la sacarosa, sin ninguna caloría y sin ninguna contraindicación como pueden tener en cambio la Sacarina y el Espartamo.

 Pero lo más importante de esta planta es que además, consumida en hoja verde como ensalada, como golosina o bien en infusión de hoja seca, regula el azúcar de la sangre en personas con diabetis sin provocar hipo-glucemias, regula la hipertensión, la mala circulación, es diurética, reduce la ansiedad por la comida en personas obesas, evita la caries, regula el estreñimiento, se pueden elaborar dulces para diabéticos, etc…

Parece imposible que en una sola planta se puedan encontrar tantas propiedades. Creo que es por este motivo que todavía a día de hoy en Europa esa una planta ilegal, porque trastoca demasiados intereses económicos y además nos la podemos plantar en el balcón, en el jardín o en el huerto de casa.

JOSEP PÀMIES (agricultor catalán) :

Mi primer encuentro con la Stevia fue casualmente sobre el año 2000, cuando buscando por Internet información sobre Montsanto (multinacional farmacéutica americana que controla el 90% de las semillas transgénicas a nivel planetario) encontré la lucha de una asociación de padres de niños diabéticos muertos,  que luchan contra esta multinacional a la que acusaban de haber podido causar la muerte de sus hijos como consecuencia de haber ingerido productos edulcorados con Espartamo (patentado por Monsanto) confiados en que era un edulcorante indicado para personas con diabetis.

Al mismo tiempo que luchaban judicialmente contra Monsanto y las Autoridades Sanitarias para conseguir la prohibición de este edulcorante transgénico y tóxico, defensaban la legalización de la Stevia. En muchísimos países, Japón por ejemplo, hacía años que habían prohibido el Espartamo y habían autorizado edulcorantes a base de Stevia, no solo por ser inofensivos, sino además por sus propiedades antidiabéticas y reguladoras de la hipertensión.

Mi lucha en aquellos momentos, como lo es todavía hoy, era ayudar a demostrar a la sociedad que los transgénicos podían ser peligrosos para la salud de las personas, un atentado a la biodiversidad y el inicio de la esclavitud de los campesinos bajo la dictadura de Monsanto.

 

 

 Esta multinacional, además de criminalizar a la Stevia para evitar la competencia con el Espartamo, producía y produce semillas transgénicas, mediante las cuales contamina vía polinización todas las demás variedades de uso libre por los payeses.

 Este hecho provoca, por ejemplo en la India, unos 20.000 suicidios al año de campesinos que habiendo perdido sus semillas por la contaminación de Monsanto, poco a poco se les ha convertido en inviable su cultivo por los altos costes económicos al depender de la dictadura de Monsanto, y toman la decisión de suicidarse con los mismos insecticidas que Monsanto también les comercializa.

  

 Tener esta información y quedarme tan tranquilo me hacía sentir muy incómodo, por lo que decidí junto a mi hermano cultivar Stevia, a pesar de que entonces y todavía hoy es una planta prohibida para comercialización en Europa.

 Pero si te preguntas por qué el tabaco que mata es legal y el Espartamo que siendo cancerígeno también es legal, ¿por qué la Stevia que cura ha de ser ilegal?

  Era y es un razonamiento que nos permitió desobedecer unas leyes injustas, siendo conscientes de los riesgos que podíamos correr, pero al otro lado de la balanza está la satisfacción actual de haber colaborado a mejorar la salud de miles de personas con diabetis y hipertensión, a la vez que poníamos en evidencia el negocio bruto de algunas multinacionales farmacéuticas que no dudan en enfermar a la gente para provocar más negocio con nuevos medicamentos, que tampoco curarán porque curar no es negocio.

¿Por qué todavía hoy la Stevia es ilegal en Europa, a pesar de que la Organización Mundial de la Salud hace un año que la autorizó como segura y beneficiosa para la Salud de las personas?

  Creo que Europa es una Unión de Estados corrupta, dominada por los mismos poderes químico-farmacéuticos que hicieron posible el sueño fascista de Hitler.

  Creo que están esperando a que Coca Cola, Danone, Nestle, Roche y otras macro-empresas alimentarias y farmacéuticas tengan la producción suficiente preparada para invadir el mercado europeo y vendernos Coca Cola, yogurs antidiabéticos y complementos dietéticos con Stevia transgénica incorporada.

 Coca Cola hace más de un año que ha patentado el uso de un edulcorante a base de uno de los azúcares de Stevia, el Rebaudiosid, para 24 aplicaciones alimentarias conjuntamente con Pepsi-Cola y otras empresas como Cargill (empresa monopolista que controla el 15% de cereales a nivel planetario y una de las causantes del encarecimiento especulativo de los cereales de estos últimos años)

 

Pues bien, no satisfechos con apropiarse de la Stevia, ahora están modificando genéticamente las semillas de la Stevia para que solo produzca Rebaudiosid, uno de los azúcares de la Stevia sin ninguna propiedad medicinal y por contaminación polínica al cabo de unos años hace desaparecer las propiedades curativas de una planta extraordinaria que la naturaleza nos ha dado.

 

Para hacer frente a estos despropósitos, “Slow Food Terres de Lleida“:

Movimiento del que formo parte, y que lanzó la propuesta de crear una Asociación denominada “Dulce Revolución de las Plantas Medicinales“:

 

Mediante la cual pasar de una lucha individual a una lucha colectiva de mucha gente interesada en dar a conocer las propiedades de las plantas medicinales que la Naturaleza nos ofrece de forma gratuita y saludable, divulgar sistemas de autocultivo por esqueje para evitar la contaminación transgénica y compartir experiencias de curación o mejora en muchas dolencias de forma NO anónima, que la Gran Industria Framacéutica no quiere resolver.

Más bien inventarse nuevas tal y como asegura Teresa Forcades en uno de sus libros:

Gracias a la Dulce Revolución, en infinidad de lugares de todo el territorio español ya existen grupos de personas voluntarias que colaboran en la extensión del autocultivo de la Stevia y de otras plantas medicinales extraordinarias. Información que se puede encontrar en la página web de la Asociación.

http://www.dolcarevolucio.cat/es/

 Creo que mediante el despertar de la Sociedad y su implicación en estas causas es como podremos avanzar en el equilibrio entre la medicina alopática actual y la medicina natural, mal denominada alternativa. La salud y la calidad de vida de la sociedad es posible con otro modelo sanitario que contemple el equilibrio entre todas las fuentes de conocimiento.

 “La industria farmacéutica pervierte a los propios investigadores de tal modo que si no convierten un medicamento que cura en otro que cronifica la enfermedad no les pagan la investigación.

[…] Quieren que continúes muchos años vivo pero enfermo,  porque esto es rentable.”

JOSEP PÀMIES.

 

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La Roca de las Profecías Hopi

 Cerca de Oraibi, Arizona, hay un petroglifo conocido como la Roca de la Profecías Hopi, la cual simboliza muchas de las advertencias que los Nativos Hopi legaron a la humanidad.

Varias de estas profecías ya se han cumplido. La que queda por verse es la última de ellas.

El este corto video, que forma parte de un documental, el mismo hopi Thomas Banyacya nos desglosa el significado que escudriña el ancestral petroglifo.

Cabe aclarar que si bien el título del video nombra al año 2012 como el límite para el cumplimiento de la última profecía, eso todavía está por verse. Quienes hablan del 2012 son los Mayas, en realidad los hopi no dan una fecha precisa, lo que si aseguran es que estamos en las puertas de un gran cambio que es la entrada al Quinto Mundo. Que dicho cambio sea favor o en contra, dependerá exclusivamente de la humanidad. Por ello sus profecías deben interpretarse como una enseñanza o advertencia.

                
     No solo los Hopi nos advierten de un próximo cambio de Conciencia Planetaria. Para el 2012, según la Ley del Tiempo Maya, debemos estar listos para El Cambio, la transición sin paralelo hacia el próximo estado de nuestra evolución, la noosfera. Esto significa el logro de un campo planetario de conciencia planetaria.

 Para cambiar la conciencia humana, un paso preliminar es cambiar el macroprograma humano – el calendario.

 La aplicación más práctica de la Ley del Tiempo es el calendario de Trece Lunas/28 días. Con esta herramienta, la Ley del Tiempo coloca la fundación para la reformulación de la mente humana – la venida de la noosfera.

Pero de esto ya hablaremos otro día…

 

 

La libertad de la Mente se consigue cuando desaparece el temor a pensar libreMente.

 Consideremos el problema del temor.  Vemos que casi todos estamos atemorizados y que el temor impide la iniciativa porque hace que nos aferremos a la gente y a las cosas como una enredadera se aferra a un árbol.  Nos aferramos a nuestros padres, a nuestros maridos, a nuestros hijos e hijas, a nuestras esposas y a nuestras posesiones. Ésa es la forma exterior del temor.  Estando internamente atemorizados, tenemos miedo de estar solos.  Podremos poseer muchos saris, joyas y otras propiedades, pero internamente, psicológicamente, somos muy pobres.  Cuanto más pobres somos en lo interno, tanto más tratamos de enriquecemos exteriormente apegándonos a las personas, a la posición, a la propiedad.

 

Cuando estamos atemorizados nos aferramos no sólo a las cosas externas sino también a las internas, tales como la tradición.  Para la mayoría de las personas de edad avanzada y para las que en lo interno son insuficientes y vacías, la tradición importa muchísimo. ¿Han notado esto entre sus amigos, sus padres y maestros? ¿Lo han notado en sí mismos?  En el momento en que hay temor, temor interno, tratan de ocultarlo bajo la respetabilidad, siguiendo una tradición, y así pierden la iniciativa.  A causa de que les falta iniciativa y sólo siguen a otros, la tradición se vuelve muy importante, la tradición de lo que dice la gente, la tradición de lo que ha sido transmitido desde el pasado, la tradición que carece de vitalidad, del sabor de la vida, porque es una mera repetición sin significado alguno.

 

 

Cuando uno tiene miedo, hay siempre una tendencia a imitar. ¿Han notado eso?  Las personas que tienen miedo imitan a otras; se aferran a la tradición, a sus padres, a sus esposas o maridos, a sus hermanos.  Y la imitación destruye la iniciativa. ¿Saben?, cuando dibujan o pintan un árbol, no imitan el árbol, no lo copian exactamente como es, lo cual sería una mera fotografía.  A fin de tener la libertad necesaria para pintar un árbol o una flor o una puesta del sol, tienen que sentir lo que estas cosas les comunican, el significado, el sentido que tienen.  Esto es muy importante: que traten de comunicar el significado de lo que ven y no que meramente lo copien, porque de ese modo están abiertos al proceso creativo. Y para esto tiene que haber una mente que sea libre, que no esté cargada con la tradición, con la imitación. ¡Miren nada más que sus propias vidas y las vidas de quienes los rodean, vean lo tradicionales, lo imitativas que son!

 

 En ciertas cuestiones están ustedes obligados a ser imitativos, tal como en las ropas que visten, en los libros que leen, en el idioma que hablan. Éstas son todas formas de imitación.  Pero es necesario ir más allá de este nivel y sentimos libres para pensar las cosas por nosotros mismos, de modo que no aceptemos irreflexivamente lo que algún otro dice, sin ¡importar quién sea: un maestro en la escuela, un padre o uno de los grandes instructores religiosos.  Es esencial que piensen las cosas por sí mismos y no sigan a nadie, porque el seguimiento indica temor, ¿no es así?  En el momento en que alguien les ofrece algo que ustedes desean -el paraíso, el cielo o un empleo mejor-, hay temor de no obtenerlo; por consiguiente, empiezan a obedecer, a seguir.  En tanto estén deseando algo se hallan atados al temor; y el temor mutila la mente de tal modo, que no pueden ser libres.

 

 ¿Saben lo que es una mente libre? ¿Alguna vez han observado la propia mente?  No es libre, ¿verdad?  Siempre están a la expectativa de lo que sus amigos dicen de ustedes.  Esa mente es como una casa cercada por una valla o por un alambre de púas.  En este estado nada nuevo puede acontecer; lo nuevo sólo es posible cuando no hay temor.  Y es extremadamente difícil para la mente estar libre de temor, porque ello implica realmente estar libres del deseo de imitar, de seguir, libres del deseo de acumular riquezas o de amoldarse a una tradición, todo lo cual no quiere decir que hayan de hacer algo extravagante.

 

 La libertad de la mente adviene cuando no hay temor, cuando la mente no desea alardear y no urde intrigas en busca de posición o prestigio.  Entonces no hay sentido de imitación.  Y es importante tener una mente así, una mente de verdad libre de la tradición, la cual constituye el mecanismo formador de los hábitos.

 ¿Es esto demasiado difícil?  No creo que sea tan difícil como la geografía o las matemáticas de ustedes.  Es mucho más fácil, sólo que jamás han pensado al respecto.  Pasan diez o quince años de sus vidas en la escuela adquiriendo información; sin embargo, nunca se toman tiempo -ni una semana, ni siquiera un día- para pensar plenamente, completamente en algunas de estas cosas.  Por eso parece tan difícil, pero en realidad no lo es en absoluto.  Al contrario, si le dedican tiempo podrán ver por sí mismos cómo trabaja la mente de ustedes, cómo opera, cómo responde.  Y es muy importante que empiecen a comprender su propia mente mientras son jóvenes, de otro modo crecerán siguiendo alguna tradición, lo cual tiene muy poco sentido; imitarán, o sea, que seguirán cultivando el temor y así nunca serán libres.

 

 ¿Han advertido lo atados que están a la tradición aquí, en la India?  Deben casarse de cierta manera, sus padres eligen al marido o a la esposa.  Deben practicar ciertos rituales; puede que éstos no tengan ningún sentido, pero están obligados a practicarlos.  Tienen líderes a quienes deben seguir.  Todo alrededor de ustedes, si lo han observado, refleja un estilo de vida en el que la autoridad se halla muy bien afirmada. Está la autoridad del gurú, la autoridad del grupo político, la autoridad de los padres y de la opinión pública.  Cuanto más antigua es una civilización, tanto mayor es el peso de la tradición, con su serie de imitaciones; y, estando agobiada por ese peso, la mente de ustedes jamás es libre.  Pueden hablar de libertad política o de cualquier otro tipo de libertad, pero como individuos nunca son libres para descubrir por sí mismos; siempre están siguiendo, siguiendo un ideal, siguiendo a algún gurú o maestro, alguna superstición absurda.

 

 Por lo tanto, toda la vida de ustedes está restringida, limitada, confinada a ciertas ideas; y muy en lo hondo, está el temor. ¿Cómo pueden pensar libremente, si hay temor?  Por eso es tan importante estar conscientes de todas estas cosas.  Si ven una víbora y saben que es venenosa, se apartan, no se acercan a ella.  Pero ignoran que se hallan atrapados en una serie de imitaciones que impiden la iniciativa; están atrapados en ellas inconscientemente.  Pero si comienzan a tomar conciencia de ellas y de cómo los tienen sujetos, si se dan cuenta del hecho de que quieren imitar porque sienten temor de lo que la gente pueda decir, porque temen a sus padres o a sus maestros, entonces podrán mirar todas estas imitaciones en las que están atrapados, podrán examinarlas como estudian las matemáticas o cualquier otra materia.

 

¿Están conscientes, por ejemplo, de que tratan a las mujeres de distinta manera que a los hombres? ¿Por qué tratan desdeñosamente a las mujeres?  Al menos los hombres lo hacen con frecuencia. ¿Por qué van a un templo, por qué practican rituales, por qué siguen a un gurú?

 

 Vean, primero tienen que darse cuenta de todas estas cosas y después pueden investigarlas, cuestionarlas, estudiarlas; pero si todo lo aceptan ciegamente porque por los últimos treinta siglos ha sido así, entonces eso no tiene sentido, ¿verdad?  Lo que indudablemente necesitamos son individuos como ustedes y como yo que están comenzando a examinar todos estos problemas, no de manera superficial o casual sino más y más profunda, a fin de que la mente tenga libertad para ser creativa, libertad para pensar, libertad para amar.

 La educación es un medio para descubrir nuestra verdadera relación con las cosas, con otros seres humanos y con la naturaleza.  Pero la mente crea ideas.  Y estas ideas se vuelven tan fuertes, tan dominantes, que nos impiden mirar más allá.  En tanto haya temor hay seguimiento de la tradición, hay imitación.  Una mente que sólo imita es mecánica, ¿no es así?  En su funcionamiento es como una máquina: no es creativa, no examina los problemas.  Puede producir ciertas acciones, ciertos resultados, pero no es creativa.

 Ahora bien, lo que todos debemos hacer -ustedes y yo igual que los maestros, los directores y las autoridades- es investigar juntos todos estos problemas, de modo que cuando dejen este lugar sean individuos maduros, capaces de considerar las cosas por sí mismos, sin depender de alguna estupidez tradicional.  Entonces tendrán la dignidad de un ser humano verdaderamente libre. Ése es todo el propósito de la educación, no el de prepararles meramente para que aprueben ciertos exámenes y después, por el resto de sus vidas, sean derivados hacia algo que no aman, como el convertirse en abogados o en oficinistas o en amas de casa o en máquinas de engendrar niños.  Tienen que insistir en que se les imparta la clase de educación que les estimule a pensar libremente y sin temor, que les ayude a investigar, a comprender; deben exigirla de sus maestros.  De lo contrario, desperdician la vida, ¿no es así?  Se les “educa”, aprueban los exámenes de licenciatura o maestría, obtienen un empleo que les desagrada pero que aceptan a causa de que tienen que ganar dinero, se casan y tienen hijos… y ahí se quedan, clavados por el resto de sus vidas.  Son desdichados, infelices, pendencieros; no tienen nada que esperar, excepto más bebés, más hambre, más desdicha. ¿Llaman a esto el propósito de la educación?  Por cierto, la educación tiene que ayudarles a ser tan agudamente inteligentes que puedan hacer lo que aman y no queden atascados en algo estúpido que les hará desgraciados por el resto de sus vidas.

 

 Por lo tanto, mientras son jóvenes deben despertar en su interior la llama del descontento, deben hallarse en un estado de revolución. Ésta es la época para inquirir, para descubrir, para crecer; por eso insistan en que sus padres y sus maestros les eduquen apropiadamente.  No se satisfagan meramente con sentarse en una aula y absorber información acerca de este rey o de aquella guerra.  Estén descontentos, acudan a sus maestros e inquieran, descubran.  Si ellos no son inteligentes, al inquirir así les ayudarán a que sean inteligentes.  Y cuando ustedes dejen la escuela crecerán en madurez, en verdadera libertad.  Entonces continuarán aprendiendo durante toda la vida hasta que mueran, y serán seres humanos inteligentes, dichosos.

 

 

Interlocutor: ¿ Cómo hemos de adquirir el hábito de vivir sin temor?

K.: Mira las palabras que has usado.  El “hábito” implica un movimiento que se repite una y otra y otra vez.  Si haces algo una y otra vez, ¿asegura eso alguna cosa, excepto la monotonía? ¿Acaso es un hábito la ausencia de temor?  Ciertamente, la ausencia de temor llega solamente cuando uno puede afrontar los acontecimientos de la vida y resolverlos a fondo, cuando puede verlos y examinarlos, pero no con una mente agotada que está presa en el hábito.

Si haces algo habitualmente, si estás preso en el hábito, eres meramente una máquina repetitivo.  El hábito es repetición, es hacer irreflexivamente la misma cosa una y otra vez, lo cual ¡implica construir un muro a nuestro alrededor.  Si a causa de algún hábito has construido un muro a tu alrededor, no estás libre del temor; es el propio vivir dentro del muro el que te hace temer.  Cuando tenemos la inteligencia para mirar todo lo que ocurre en la vida, lo cual implica examinar cada problema, cada suceso, cada pensamiento y emoción, cada reacción, sólo entonces estamos libres del temor.

 

 Palabras de un LibrePensador.-

 Conferencia de Krishnamurti ante un grupo de jóvenes en una Universidad de La India.

Las reinas de Saba. Viaje al Corazón de las tinieblas

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La escritora colombiana Laura Restrepo ha viajado a los campos de refugiados en Yemen. Miles de mujeres y niños llegan hasta allí desde las costas del Cuerno de África. Huyen de la guerra, el hambre y el odio. Tercera entrega de esta serie con la que Médicos Sin Fronteras y El País Semanal quieren rescatar del olvido a las víctimas de la violencia.
20090806elpepusoc_10
Vienen subiendo, y son miles. Mujeres con sus hijos. Saben que muchas morirán por el camino, o que tendrán que dejar enterrados a sus hijos. Pero la decisión está tomada, y no pararán hasta encontrar un lugar donde la vida les abra por fin la puerta. Cueste lo que cueste, y por encima de quien se interponga. Si te paras aquí, en la costa sur de Yemen, vas a verlas venir: el Cuerno de África entero parece estar subiendo. En pateras, por el desierto a pie, mendigando a través de las antiguas ciudades. Me dice Habiba -somalí, comadrona graduada y querida amiga mía- que cuando escucha la palabrarefugiados no piensa en hombres. Cierra los ojos y ve mujeres con niños.

Viaje al corazón de las tinieblas
Testigo del horror: La piedra bajo el sol

En una habitación sin muebles esperan quince mujeres a punta de hambre

A Ayanna le advirtieron de que si su bebé no callaba lo tirarían al mar. Y lo hicieron

Ultrajar a las mujeres de otro clan es una de las formas que asume la venganza

“Tengo un sueño. Es un sueño pequeño, el de cada día: alguien me da una limosna”
-Habiba -le pregunto-, ¿no serás tú la reina de Saba?

¡¿What?!

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Cuando Médicos Sin Fronteras me propone visitar los campos de refugiados africanos en la República árabe de Yemen, lo primero que hago es releer un texto de 1934 en el que André Malraux cuenta cómo abordó un pequeño avión para sobrevolar esa región en busca de una mujer de 3.000 años de edad. Se trataba de la legendaria reina de Saba, soberana del incienso y de la mirra, nacida en algún punto incierto entre Yemen, Etiopía y Somalia. Poco después de su expedición, Malraux le anunciaba al mundo que había avistado desde el aire los vestigios del mítico imperio de Saba. Y sin embargo, a ella, a la Reina, nunca la encontró.

Nos acercarnos en jeep a Adén, en el extremo sur de Yemen. Ubicado sobre el golfo que lleva su mismo nombre, Adén mira hacia las desoladas costas del Cuerno de África, que le quedan a menos de 150 millas náuticas de distancia. Es el primer puerto que existió sobre el planeta. Allí fueron enterrados Caín y Abel, y construida el Arca de Noé, o al menos así está escrito; allí Arthur Rimbaud comerció con café, traficó con armas y renunció a escribir versos. Por las ventanas del jeep sólo vemos arena. Estamos en medio de ese mismo desierto yemení que en la historia antigua se tragó al ejército romano de Aecio Galo. Y de repente, como salida de la nada, aparece la reina de Saba. Es ella, no hay duda. Pero no la legendaria, sino la de carne y hueso. Y no la real, de realeza, sino la real de realidad.

Viene descalza, en medio de un grupo de 15 o 20 caminantes. Flaubert la imaginó vestida en brocado de oro con faralaes de perlas, azabaches y zafiros, pero no es así. Trae la ropa hecha jirones, arena en la boca, la mirada ausente y el cuerpo quemado por el sol y la sal. Se diría que es etíope por el color de su piel, que llaman nilótico en la suposición de que el tono, de un dorado tostado, es el mismo que el de las aguas del Nilo. Le preguntamos hacia dónde va. “A Arabia Saudí”, responde. Pero no tiene brújula, ni guía, ni fuerzas, y no sabe que camina justamente en la dirección opuesta.

Como ella, miles de etíopes y somalíes echan a andar desierto adentro a la buena de Dios, o de la mano de Alá, retando a la fatalidad y ahuyentando demonios. Han cruzado el golfo en una de las travesías más arriesgadas e inhumanas que se puedan concebir. Vienen huyendo de la guerra, del hambre y del odio, o como diría Malraux, de las tres caras de la muerte.

Trono de arena. Volvemos a ver a la señora de Saba unas horas más tarde, en la playa, pero esta vez es somalí. Antiguos textos abisinios la llaman Makeda. El Corán la llama Belkis y la presenta “en un trono magnífico”. Pero ella asegura llamarse Ayanna, trae un bebé en brazos y está sentada en la arena. Hace parte de los new arrivals, o recién llegados, tras un landing, o desembarco, traídos por los smugglers, o traficantes de personas. Los propios somalíes bautizan su éxodo con estos nombres en inglés; a fin de cuentas, aprendieron el idioma durante los años de dominación británica, una de tantas que han tenido que sobrellevar. También los franceses, los italianos, los rusos y Ronald Reagan saquearon su tierra, la convirtieron en campo de batalla y tras el retiro de las tropas la dejaron sembrada de armas, las mismas que luego fueron desenterradas por los asesinos locales: señores de la guerra, narcos, violadores, tiranos, piratas, clanes enfrentados, milicias vengadoras, smugglers. Hoy, las grandes naciones ni asoman por Somalia; la han dejado librada a la impiedad de su suerte. Nadie puede con ella, ardiente luna silenciosa que a todos espanta. En 1992, cuando ya el exterminio y la hambruna la habían arrasado, el mundo pareció apiadarse y mandó por fin ayuda humanitaria. Con resultados desastrosos: a los siete meses de su arribo, las fuerzas de Naciones Unidas la abandonaban, ametrallando en su huida a población civil desde helicópteros. A todos derrota la indómita Somalia, pero a quien más derrota, castiga y desangra es a sí misma. Me recita Habiba un viejo dicho somalí: “Con mi hermano contra el resto de la familia. Con mi familia contra mi clan. Con mi clan contra los demás clanes. Todos los clanes juntos contra el resto del mundo”. Conozco el fenómeno. También yo provengo de un país, Colombia, hundido en un atolladero histórico donde nos devoramos los unos a los otros. No por nada Colombia y Somalia comparten el mismo paralelo sobre el globo terráqueo.

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El bebé que Ayanna sostiene en brazos está vivo. Milagrosamente. Pese a estar exhausta y atónita, ella repite una letanía de frases secas, cortas. Dice a quien quiera oírla, o se dice a sí misma, que su niño venía llorando en el barco. Los smugglers le advirtieron que lo tirarían al mar si no lo callaba, pero cómo iba a callarlo, si ni agua tenía para darle. El niño siguió llorando y lo tiraron. Ella se tiró detrás, pudo agarrarlo antes de que se ahogara y nadó con él hasta la costa. Pero en el barco se le quedaron sus otros dos hijos. Luego los encontró, allí en la playa, vivos también. Uno de los refugiados que venían con ella en el barco los había ayudado a alcanzar la orilla.

No todos corren con la misma suerte. Barcos en los que sólo cabrían 30 o 40 personas son atiborrados con 120 o 150, en travesías que suelen durar entre tres y cinco días. Las soportan sin comer ni beber, a rayo de sol, entre orines, heces y vómitos propios y ajenos. A quien se mueva o proteste, los smugglers le descerrajan un correazo por la cabeza, la cara, la espalda, abriéndole la carne con la hebilla metálica del cinturón. Para no ser interceptados por la patrulla costera yemení, los barcos llegan de noche, dan media vuelta antes de alcanzar la orilla para emprender el regreso y en ese momento arrojan al agua su carga humana. En medio de la ciega negrura, algunos se ahogan porque no saben nadar. Otros, porque vienen entumidos tras permanecer tanto tiempo inmóviles y encogidos. Los hay que desaparecen nadando mar adentro, porque en la costa desierta no hay una luz que los guíe. Los etíopes llevan la peor parte. En el barco los hacinan abajo, en la bodega para el pescado, donde no es raro que mueran de asfixia, y una vez en Yemen no se les reconoce status de refugiados políticos, como sí a los somalíes. Por capricho de las convenciones internacionales, los etíopes son considerados simples migrantes económicos, y en cuanto tales pueden ser deportados.

Cuando emprenden el viaje, todos ellos saben del horror que les espera. No sólo lo saben, sino que duran meses juntando los 80 o 100 dólares que les cobran por el pasaje. “En el mar es posible que te mueras”, me dice Habiba, “pero si te quedas en Somalia, es seguro que te matan”.

Traídos por las aguas. Habiba huyó de Somalia hace siete años, también ella en patera, y hoy trabaja con los equipos de Médicos Sin Fronteras que patrullan la costa yemení a la espera de landings. Socorren a los recién llegados con primeros auxilios, agua, biscuits ricos en proteínas, ropa seca y chanclas de caucho, y les ofrecen transporte hasta un centro médico en la vecina Ahwar, donde podrán permanecer mientras se reponen. Al menos del cuerpo. Del extremo sufrimiento, la desesperanza y la muerte de los suyos, nadie podrá curarlos. Me cuentan que, hace unas semanas, entre los refugiados venía una muchacha muy bella. ¿Acaso no sería ella la reina de Saba? A lo mejor -condesciende Habiba-, pero al llegar a Yemen, los traficantes le impidieron bajarse del barco junto con los demás. Ella gritó, se volvió loca, intentó tirarse al agua, pero la amarraron. Se la llevaron de vuelta para violarla a su antojo.

Hussein, otro de los integrantes de MSF, me habla de la madrugada del pasado 15 de diciembre. “Imposible olvidar esa fecha”, dice. “Al llegar a casa me bañé, al otro día me bañé dos veces. Pero por más que me bañe, esa fecha no la olvido. Habíamos salido a patrullar por la costa y hacia las siete de la mañana divisamos siluetas. ¡Landing! Venían como zombis”, dice Hussein, “desnudos, con la expresión en blanco. Estaban muy mal, peor que otras veces. No reaccionaban. Al fin uno nos dijo lo que ya sospechábamos, que había volcado la patera en la que venían con otros 130 pasajeros. Atendimos a los vivos, corrimos hacia el mar y a lo largo de la playa fuimos encontrando los cadáveres. Muchos. Conté 57. Entre ellos había niños, adolescentes, mujeres embarazadas. Los cangrejos ya se estaban comiendo sus cuerpos. Los fuimos arrastrando lejos del agua, los tomamos fotos para que después sus familiares pudieran identificarlos, los metimos en bolsas plásticas. Trabajamos hasta que se cerró la oscuridad y no nos permitió seguir haciéndolo. Regresamos a la playa a primera hora del día siguiente y vimos que el mar había traído más cuerpos”.
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Los tres pisos de tu culpa. Jameelah lleva más de ocho años en el campo de Kharaz y sigue tan enferma como el día en que desembarcó. Las dolencias ya no están en su cuerpo, pero las carga en el alma. Se vino dejando atrás a su madre y a sus cinco hermanos. Trajo consigo a su único hijo, que murió durante la travesía de un golpe que le asestaron en la cabeza. A partir de entonces, tan pronto logra dormirse, Jameelah cae en una pesadilla que la martiriza. Sueña que un yenil, o demonio, la arrastra hacia una construcción de tres pisos donde la somete a juicio. En el primer piso, la condena por la muerte del hijo. En el segundo piso, la condena por abandonar a la madre y los hermanos. En el último piso también la condena, pero al despertar, ella no logra recordar por qué motivo era juzgada esa tercera vez. Jorge, uno de los psicólogos de MSF, le da un cuaderno y le pide “Jameelah, escribe tu sueño”. Ella lo hace. Jorge lee y le dice: “Ahora vamos a preparar tu defensa. La próxima vez vas a explicarle al yenil que viniste a Yemen para trabajar y enviarle dinero a tu madre, que no la abandonaste, ni tampoco a tus hermanos, y que a tu hijo no lo mataste tú, lo mataron los smugglers. Dile a ese yenilque no haces nada contra tu familia, al contrario, has intentado darle mejor vida, aunque la posibilidad no esté en tus manos”. El sueño de Jameelah se ha seguido repitiendo, pero ahora el yenil la absuelve en el primero y el segundo piso. Sin embargo en el tercero la condena, y ella sigue sin saber de qué la acusa. “La culpabilidad de las víctimas es un pozo sin fondo”, me dice Jorge, el psicólogo.

¿Salomón usaba guantes?

Está escrito que Makeda salió de Saba y cruzó el desierto en busca de Salomón, de quien le habían dicho que era un rey sabio. Las sabias están más bien aquí, pienso al visitar el consultorio médico en el campo de refugiados del ACNUR en Kharaz, en pleno desierto, a tres horas por carretera de Adén. Los médicos son dos muchachas yemeníes, la doctora Jazmin y la doctora Leila. Según la usanza en el país, ambas van tapadas con abaya y toca negras de la cabeza a los pies, salvo una mínima ranura por la cual pueden verte, y tú a ellas puedes verles los ojos. Jazmin debe de pertenecer a un clan más tradicionalista que Leila, porque lleva puesto, además, un par de guantes negros que no se quita en público. “No siempre es fácil atender a las refugiadas”, me dice. “Si sólo lidiaras con enfermedades, vaya y pase, pero tienes que enfrentarte a algo casi incurable, los prejuicios atávicos”.

Yo miro sus guantes, miro el denso velo que le oculta la cara, y no puedo creer lo que estoy escuchando. Afortunadamente, ella, sin darse por aludida, me sigue explicando. Me dice que en el campo hay una somalí destrozada por un dilema. Vivía en Mogadiscio cuando una tarde, al regresar a su casa, fue violada por los seis o siete integrantes de una milicia etíope. No sólo la violaron una y otra vez, sino que la hirieron con cuchillo, le rompieron un brazo de un culatazo y la abandonaron cuando la creyeron muerta. Es lo habitual allí: ultrajar a las mujeres de otro clan es una de las formas que asume la venganza. Alguien la encontró en coma, se las arregló para hacerla ver por un médico, y ella sobrevivió. Pero se convirtió en motivo de shame, vergüenza, para su familia somalí, por haber sido violada por etíopes. Luego se dio cuenta de que había quedado embarazada, y huyó de Somalia por temor a que sus propias gentes mataran a la criatura al nacer. Dejó en casa a sus cuatro hijos, logró cruzar el golfo y se presentó en el campo de Kharaz, pidiendo asilo. Allí, las doctoras Jazmin y Leila le atendieron el parto. El niño, que nació bien, tenía la piel oscura de los etíopes, así que con sólo verlo, cualquier somalí reconocería en él la sangre ajena. Desde Mogadiscio, la abuela le rogaba a la mujer que abandonara en Yemen al niño etíope y que volviera a casa a hacerse cargo de los otros cuatro, que estaban pasando hambre. Ella sabía bien que con el bebé no podría regresar. ¿Qué hacer? Estaba enferma de confusión, de angustia, de soledad. Los dos médicos tomaron el problema en sus manos. Le ayudaron a conseguir trabajo para que pudiese enviarles dinero a los hijos que dejó en Somalia, mientras permanece en Yemen con el más pequeño. Y le asignaron una madre sustituta que cuida al pequeño de tanto en tanto, mientras ella visita a los otros en Moga. Ni el propio Salomón hubiera salido con una solución tan salomónica.

La casa de las mendigas. En el calor lento de las seis de la tarde se fermenta un olor denso y ahumado a cardamomo y canela, a basura, orines e incienso. Estamos ahora en el laberinto de pasadizos de la barriada de Al Bassateen, en las goteras de Adén, donde sólo viven somalíes y half-castes, o yemeníes con sangre somalí. Desde hace un rato alguien me sigue, tirándome de la manga. Es una mujer con un recién nacido en brazos. Es una alyawm, una limosnera. “Vete a casa”, le dice Habiba, “tu niño está demasiado pequeño, ¿cuánto tiene de nacido?”. “Cuatro días”, responde la mujer, “lo parí aquí mismo, en la calle”. Nos lleva a donde vive, la casa de las mendigas. Doce o trece mujeres comparten un pequeño patio de tierra y a medio techar. Algunas se ven descarnadas y enfermas, y una de ellas no se mueve ya: espera acurrucada en un rincón, con la boca abierta y los ojos atónitos, a que le llegue la muerte. Syrad, la más enérgica y saludable, nos ofrece té. “En Al Bassateen, mendigar es el único oficio para una viuda”, dice. Si le pides limosna a un hombre yemení, se siente en la obligación de dártela. Es musulmán, la religión se lo ordena. Pero si es muy negociante, te pueden decir: “Toma estas monedas, tómalas; pero si me la chupas, te doy el triple”.

Le pregunto a otra de ellas qué espera de la vida, y responde que nada. “Recién llegada de Somalia tenía sueños”, dice, “porque pensaba que aquí la vida podía ser mejor. Ahora sé que no es mucho mejor. Bueno, sí, tengo un sueño, uno pequeño, el sueño de cada día: que alguien me dé una limosna”.

Caminamos luego hasta el famoso Bloque Tres, el sector de las dhillos, o prostitutas. Nos permiten entrar a una de las casas. En realidad es un patio casi igual al de las mendigas, pero en éste las mujeres son más jóvenes y han pegado en los muros afiches de Bollywood. Se envuelven el cuerpo en coloridas futas, llevan los brazos pintados de gena, anillos en los dedos de las manos y los pies, ajorcas en los tobillos y brazaletes en las muñecas. Nos ofrece el té un muchacho depilado y maquillado que parece ser de inferior rango porque las mujeres le dan órdenes. Colocan en torno al patio colchonetas de espuma de caucho, traen pequeños cojines para que Habiba y yo estemos más cómodas y rocían el ambiente con desodorante floral en spray. Ahora sí -escribo en mi libreta-, me encuentro entre las auténticas reinas de Saba, con todo, y almohadones, perfumes y joyas.
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Al principio ni mencionan su oficio, pero poco a poco aflojan y van contando las ventajas y los sinsabores de la vida que llevan. “Por aquí es costumbre que te paguen con comida”, dicen. “Te invitan a cenar y sales de ahí con el estómago lleno y las manos vacías. Otros te enciman el khat. Algunos clientes sólo piden que les dejes pasar la noche contigo. Se acuestan a tu lado y no hacen nada, salvo mascar khat. Están consumidos por el khat,que a la larga los deja impotentes. No les importa, lo siguen mascando, y nosotras también. Conseguimos suficiente khat para estar alegres, y suficiente comida para mantenernos vivas. Pero rara vez podemos juntar dinero para mandar a Somalia. Una opción mejor es trabajar en hoteles. Los taxistas te llevan hasta los hoteles a cambio de una mamada, y al regreso, igual. Como por aquí es raro ver un billete, los trabajos se pagan en especie. En el hotel limpias los cuartos, tiendes las camas, trapeas los pasillos y estás ahí para cumplir la voluntad del huésped. Cada tanto, el dueño nos lleva a un hospital a que nos revisen la sangre. Cuando caen huéspedes de Arabia Saudí, traen dinero en los bolsillos, y nosotras podemos mandar algo a casa para nuestros hijos”.

De repente se enciende la algarabía en el Bloque Tres. Se ha armado la trifulca y de todas las puertas salen mujeres dando gritos. Un cliente quiso volarse sin pagar, la damnificada dio la voz de alarma y ahora corren tras él. Lo alcanzan y le propinan una paliza. Aparentemente, sólo le cae encima una lluvia de puños, pero en realidad le causan heridas con los brazaletes de metal que llevan en las muñecas.

Un televisor y una cama. Es posible que Saná sea la ciudad más bella del planeta. Como sacada de Las mil y una noches, dicen las guías de turismo, y lo compruebas tan pronto atraviesas la vieja muralla por Bab al Yemen y te cae encima todo el prodigio del medioevo oriental. Afuera de la muralla, sin embargo, es otro el cantar: una modernidad destartalada, sucia e inconexa, con Internet lento y tráfico energúmeno. El último rincón de este adefesio urbanístico es la barriada popular de Safía, donde en una habitación sin muebles me esperan 15 mujeres, largas y esbeltas, a punta de hambre. Son algunas de las somalíes que sobreviven en la capital limpiando casas durante el día, y hacinándose de noche con sus hijos en habitaciones como ésta. Van cubiertas como las yemeníes, pero a medida que conversamos, se quitan la ropa negra y debajo aparecen las coloridas telas africanas. Iprah lleva un brazo enyesado; fue atropellada por un coche en las calles de Saná y no logró que la atendieran en ningún hospital hasta una semana después, cuando encontró a familiares que aceptaron pagar su cuenta. Yurop tiene la frente y una oreja quemadas. Hace un par de años intentó quitarse la vida por el medio tradicional de suicidio femenino en su tierra, que consiste en rociarse con combustible y prender un fósforo. Se lo impidieron unas vecinas, sofocando el fuego con mantas de lana.

Está escrito que cuando la reina de Saba se iba acercando a lomo de elefante, bajo su parasol rojo con campanitas de plata y respirando por la boca porque le oprimía el pecho un corsé de pedrería, era tal el esplendor que irradiaba, que la multitud, deslumbrada, se postraba en tierra a su paso. No les pasa otro tanto a las reinas de Safía, acostumbradas a soportar un sonoro “vete al infierno” cuando preguntan si necesitan quien haga la limpieza. “Desconfían de nosotras. Nos acusan de groseras y ladronas, y abusan. El otro día me quejé ante una señora: ‘Vigila a tu marido’, le dije, ‘quiere violarme’. Me respondió: ‘Y qué problema te haces, dale lo que quiere, ¿acaso no te pagamos en esta casa?”.

Las 15 mujeres están agotadas. Son ya las nueve pasadas de la noche, hace poco regresaron de sus rondas por la ciudad y acaban de alimentar a sus hijos con las sobras de comida que pudieron recoger. ¿Con qué sueñan, muchachas? Les pregunto antes de despedirme, y a coro me responden: “Con una cama y un televisor”. Y cómo no, comento, después de semejante jornada cualquiera quisiera echarse en una cama y poner la mente en blanco frente a una pantalla. “No, no es eso”. Yurop me explica: “La cama es para encadenar a los niños, ¿entiendes? No nos queda otro remedio. Tenemos que dejarlos solos durante todo el día, y si salen a la calle, cualquier cosa puede sucederles. La única solución es dejarlos amarrados a las patas de una cama. Cuando regresamos a la noche están hechos un desastre, lo primero que hacemos es lavarlos. Están orinados, cagados, lloran a gritos, se han peleado entre ellos, no han comido nada. El televisor es para que se entretengan mientras nos esperan”.

La humanidad sólo cuenta con unas cuantas líneas escritas que dan testimonio de la existencia de la reina de Saba: alguna referencia en la Biblia, poco más en el Corán, menciones en textos apócrifos, manuscritos perdidos en alguna biblioteca, un reportaje de André Malraux. Y unas ciertas cartas. También en Safía me entregan una docena de estas cartas. Le sucede a cualquier extranjero que se asome por Kharaz, por Ahwar, por Al Bazateen: sale con los bolsillos llenos de cartas que las refugiadas escriben en inglés y llevan a todos lados en bolsitas plásticas. Están copiadas a mano y van dirigidas a todos, a ninguno, a quien quiera escuchar. Pueden ser escuetas biografías de una o dos páginas, o anuncios de se busca: un hijo perdido en medio de la guerra, un esposo que emigró y no da señales de vida. Puede ser el nombre de una medicina que no logran conseguir para un hermano que se queda ciego, o para una abuela que sufre de los nervios. Puede ser también la denuncia de una violación en tal barrio, de una matanza en tal pueblo. Las más breves son apenas un nombre y una ubicación, me llamo tal, me encuentro en tal lugar. Cada una de estas cartas es un llamado imperceptible, un improbable acto de fe, como el “aquí estuvo fulano” que un desaparecido raya con la uña en el muro de una celda.

Testigos del horror: Yemen

VIDEO – EL PAÍS SEMANAL / MÉDICOS SIN FRONTERAS – 07-08-2009

La escritora colombiana Laura Restrepo viaja con EL PAÍS SEMANAL y Médicos Sin Fronteras a los campos de refugiados de Yemen, donde ha captado la situación de marginación y violencia que sufren las mujeres somalíes tras huir de su país – EL PAÍS SEMANAL / MÉDICOS SIN FRONTERAS

    Laura Restrepo

Laura Restrepo

A FONDO

Bogotá. 1950

09.9.agost.Logitech. 002 Música y Palabras desde el Corazón de LaMedina

El segundo sexo.

ElSegundoSexo.AzulMooN

Han transcurrido sesenta años desde la publicación de El segundo sexo, de Simone de Beauvoir. Una obra pionera en la que analizaba la condición de inferioridad de la mujer a lo largo de la historia, donde señalaba que las tradiciones y los prejuicios relegan a la mujer a un estatus de segunda clase. “No se nace mujer, se llega a serlo”, afirmaba la escritora. Por desgracia, la tesis de esta autora conserva toda su vigencia si analizamos la situación de la mujer en la UE.
Las opciones vitales de las mujeres europeas son más limitadas que las de los hombres. A una edad muy temprana se consolidan unos rígidos estereotipos de género que condicionan la trayectoria educativa y profesional: muy pocas mujeres consiguen acceder a los principales órganos de decisión. Ha llegado el momento de unir nuestras fuerzas para liberar a la mujer del estatus de segundo sexo.
La igualdad de género ha avanzado en los últimos decenios. Las reformas graduales y la labor persistente de quienes defienden los derechos de la mujer están dando sus frutos. Hombres y mujeres van adquiriendo una representación cada vez más paritaria en los parlamentos; las mujeres obtienen mejores resultados en las licenciaturas universitarias y la discriminación flagrante es relativamente poco común. ¿No deberíamos sentirnos satisfechos?
En absoluto. En primer lugar, la igualdad de género es deseable desde el punto de vista económico. La UE precisa una política económica a largo plazo que permita a la mujer participar en el mercado laboral en condiciones de igualdad. Según el último informe publicado por la Comisión sobre igualdad de género, sólo el 58% de las mujeres tiene trabajo actualmente en la UE, frente a un 72% de los hombres; además, casi un tercio de las ocupadas trabaja a tiempo parcial, frente a un porcentaje inferior al 8% en los hombres. Europa está atravesando una crisis financiera sin precedentes: ¿lograrán de una vez por todas, los líderes de la UE – que siguen formando en buena medida un club masculino – valorar en su justa medida el potencial aún no aprovechado de las mujeres?
En segundo lugar, confiamos en que cuestiones difíciles y éticas, como la relativa al aborto, puedan debatirse sin demonizar al adversario. Nuestro apoyo al derecho de la mujer a decidir coexiste con una comprensión sincera de las implicaciones personales de tal decisión. Somos conscientes de la necesidad de evitar embarazos no deseados y de apoyar a los progenitores jóvenes.
Resulta escandaloso que en algunos países de Europa se niegue el aborto a las víctimas de violación, que se ven obligadas a procurárselo de forma ilegal y con riesgo para su vida. Nos complace que nuestros respectivos países hayan facilitado a la mujer la opción de abortar. Suecia, un país de amplia tradición laica, legalizó hace años el aborto, y el Gobierno de España acaba de aprobar el Anteproyecto de Ley de Salud Sexual y Reproductiva e Interrupción Voluntaria del Embarazo que, en línea con otros países europeos, combina un sistema de plazos con unas indicaciones que ofrecen garantías jurídicas a las mujeres, protección a los profesionales sanitarios y medidas en el terreno de la asistencia social, salud y educación, con objeto de impedir embarazos no deseados.
En tercer lugar, la violencia física y sexual continúa suponiendo una vulneración generalizada de los derechos fundamentales de las mujeres en toda Europa. Según un informe del Consejo de la UE, se calcula que entre el 20 y el 25% de las mujeres en Europa han sufrido actos de violencia física al menos una vez en su vida adulta, y más del 10% han sido víctima de violencia sexual. Los Estados europeos pueden aprender mucho de las diversas estrategias adoptadas por unos y otros para combatir la violencia contra las mujeres, basadas en medidas legislativas, preventivas y de protección. Más aún, los políticos tienen que hacer frente a la violencia que afecta normalmente a las jóvenes víctimas de agresiones o amenazas por parte de sus hermanos o padres, para proteger el honor familiar. ¿Cabe aceptar que haya niñas en Europa que vivan bajo la amenaza de los matrimonios forzosos o la mutilación genital?
La UE aspira a ser un modelo de democracia. Pero una democracia moderna no puede existir sin igualdad de género en las instancias que toman las decisiones. Por consiguiente, la representación paritaria de ambos sexos deberá ser la norma cuando se constituya la nueva Comisión.
Es razonable que un ámbito como el de la igualdad de género se inscriba entre las competencias nacionales, más que de la UE, ya que exige abordar cuestiones de política social y laboral. Los Estados miembros deben ser libres de configurar sus políticas nacionales. Y aunque España y Suecia se encuentren en extremos opuestos de Europa, y nuestros gobiernos pertenezcan a ideologías políticas distintas, hemos alcanzado una misma conclusión: los derechos de la mujer son universales y la igualdad de trato constituye un valor esencial de la cooperación europea. Por consiguiente, nos hemos unido en la lucha en pro de una Europa más igualitaria y democrática y confiamos en recibir el apoyo absoluto de nuestros compañeros europeos. Juntos podemos cambiar el futuro tanto de los hombres como de las mujeres de Europa.

Artículo publicado en Liberation y El País, firmado por:

Nyamko Sabuni, Ministra de Igualdad de Género (Suecia)
Bibiana Aído, Ministra de Igualdad (España)

La Cenicienta que no quería comer perdices.

He comenzado a crear una biblioteca virtual en Scribd bajo el sinónimo de 13MooN.

 En this another Azul MooN, ¡como manejo el spanglish!  ;-jjj  dejaremos  los enlaces a  libros, artículos, Pps…  que subamos las 13MooN a la RED Bibliotecaria  para así compartirlos y,  si os animais, comentarlos… discutirlos… estudiarlos… 

 Para comenzar este rincón de lectura he elegido un cuento con moraleja para grandes y pequeños…

                   ¡¡¡La Cenicienta que no quería comer perdices!!!.

                Un cuento alternativo y con un final feliz, sobre todo para las perdices ;-jjj

     y colorín colorao… mas feliz que una perdiz! comeremos ensalada y lo que nos de la gana…

         13MooN

Mujeres afganas protestan contra una ley que permite la violación en el matrimonio.

          Alrededor de 300 personas, entre mujeres, abogados y defensores de los derechos humanos, han recorrido este miércoles las calles de la capital de Afganistán (Kabul) para protestar contra una ley de inspiración talibán que, entre otras cosas, permite la violación dentro del matrimonio.    

   Una muchedumbre de casi 500 personas se ha enfrentado a los manifestantes y ha proferido gritos contra las mujeres. El diario The New York Times recoge en su web la siguiente conversación: – “¡Iros de aquí, putas!”, gritan varios hombres. “¡Iros!” – “Queremos nuestros derechos”, contesta una de las mujeres. “Queremos la igualdad”.

  La ley, aprobada por el Parlamento y sancionada por el presidente Hamid Karzai, pretende regular el derecho de familia de la minoría chií de Afganistán -alrededor de un 15 por ciento de la población- y otorga a los clérigos la autoridad sobre asuntos de la intimidad entre hombres y mujeres.

       Una de las provisiones ilegaliza que una mujer pueda resistir los acercamientos sexuales de su marido. Dice, literalmente, que “una mujer está obligada a satisfacer los deseos sexuales de su marido”.

       Otra establece que una mujer que quiera trabajar fuera de su casa o estudiar, necesita el permiso de su cónyuge.

       Una tercera obliga a las mujeres a “prepararse” o vestirse de una forma especial si su marido se lo pide.

     Los manifestantes han repartido octavillas en frente de la Universidad de Kabul que denuncian la ley como un “insulto a la dignidad de las mujeres”. “No queremos una ley talibán, queremos una ley democrática y que garantice la dignidad humana”, han gritado las manifestantes.

    “Da miedo estar aquí pero no puedo quedarme en casa sentada”, ha dicho Halima Hosseini, una joven de 27 años que asistía a su primera manifestación. “Personalmente, no puedo permitir que alguien me represente y ponga en una ley artículos contrarios a mis derechos y a los derechos humanos, y que me considere, como una mujer, una persona de segunda clase”.

    La controvertida ley fue adoptada en marzo pasado, pero aún no ha entrado en vigor. Los aliados occidentales del presidente afgano han puesto el grito en el cielo, entre ellos el presidente estadounidense Barack Obama, que ha calificado la ley de “aborrecible”, lo que ha provocado que el Gobierno anuncie una revisión del texto.

 desde: http://laciudadelasdiosas.blogspot.com