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    • Florece el otoño, llegó la primavera…
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      Medina Colorá
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      Quiero regalarte una esquina de mi boca. Hoy no tengo otra cosa para darte. De ella brotan Sonrisas y Palabras dictadas por el Alma. Cuando tengas dinero ofréceme un anillo, Cuando no tengas nada regálame una esquina de tu boca. Cuando … Seguir leyendo →
      Medina Colorá
    • Las Energías de septiembre. 2014 Motivos para Sonreír
      La energía de este mes es fresca y renovada. Es como la primavera.Hay una energía luminosa y con una sensación de claridad.Encontraremos una nueva información para cambiar nuestro punto de vista que hará que, la verdad, salga a la superficie.Esto a … Seguir leyendo →
      Medina Colorá
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      Traigo buenas nuevas que contaros. “El Clan de la Cicatriz”, nuestro Clan, ha sido nominado a los PREMIOS DARDOS, que reconocen la creatividad de aquellos blogs que saben transmitir “valores personales, culturales, éticos y literarios” de forma original. Los premios … Seguir leyendo →
      Medina Colorá
    • La indecente Baubo. “Las diosas de la risa curativa”
       Las mujeres que se sienten cómodas consigo mismas se ríen mucho juntas, sobre todo las que llegan a la edad madura. Se ha sugerido numerosas veces que la risa entre mujeres es el lado oculto de su sexualidad.  Las chanzas de Baubo no … Seguir leyendo →
      Medina Colorá
    • Libérate y deshazte de todo el lastre que impide tu crecimiento
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      Medina Colorá
    • La Posada de la Abuela. Mujeres: despierten y vean, pues todas pasarán por la Posada-
      Les hablo como Mujer Búfalo del Norte, hermana mayor. Soy Mujer Tierra, enraizada profundamente en este suelo; soy Mujer Espíritu, portadora del Gran Misterio. Hoy vengo a hablarles de la Posada de la Abuela a aquéllas que ya estén allí … Seguir leyendo →
      Medina Colorá
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      En nuestras vidas, aunque un episodio equivalga a una “caida”, una pérdida, una profunda herida siempre hay otro capítulo que nos espera y después otro, y otro, y otro más… Siempre hay oportunidades de arreglarlo, de configurar nuestras vidas de … Seguir leyendo →
      Medina Colorá
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      La Luna Solar Roja trae el poder supremo de la purificación con el poder sanador del Agua Universal de la Compasión. La purificación es la fuente y el poder sanador del Amor. Este año que hoy comienza es el año de … Seguir leyendo →
      Medina Colorá
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      Yo también tengo un hada en mi casa La encontré en el  tejado con la cola del vestido en llamas Era por la mañana, la casa olía a café. Y en la calle todo estaba cubierto de escarcha Hoy, ha … Seguir leyendo →
      Medina Colorá
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      Y cuando me sé el camino viene el destino y lo cambia y así me paso los días desayunando mañanas
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      El Rebaño Aturdido.-  Una vez que usted ha condicionado una generación para pensar de la manera que usted requiere, se hace aun más fácil condicionar la próxima generación.  Usted tiene ahora los padres programados trabajando inadvertidamente en su beneficio condicionando sus hijos para que acepten su propia visión condicionada de la vida.  Tales padres no h […]
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      Aquel que se llamó a sí mismo “Valum Votan” vuela ya hacia el Hunab Ku (el centro de la galaxía según la mitología maya), libre de la ataduras de su cuerpo físico. Nos queda una nueva interpretación de la cultura maya, un descubrimiento que nos ha aproximado más a esta poderosa civilización, y una controversia acerca de su legado. Recordémosle con una de sus […]
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Las reinas de Saba. Viaje al Corazón de las tinieblas

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La escritora colombiana Laura Restrepo ha viajado a los campos de refugiados en Yemen. Miles de mujeres y niños llegan hasta allí desde las costas del Cuerno de África. Huyen de la guerra, el hambre y el odio. Tercera entrega de esta serie con la que Médicos Sin Fronteras y El País Semanal quieren rescatar del olvido a las víctimas de la violencia.
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Vienen subiendo, y son miles. Mujeres con sus hijos. Saben que muchas morirán por el camino, o que tendrán que dejar enterrados a sus hijos. Pero la decisión está tomada, y no pararán hasta encontrar un lugar donde la vida les abra por fin la puerta. Cueste lo que cueste, y por encima de quien se interponga. Si te paras aquí, en la costa sur de Yemen, vas a verlas venir: el Cuerno de África entero parece estar subiendo. En pateras, por el desierto a pie, mendigando a través de las antiguas ciudades. Me dice Habiba -somalí, comadrona graduada y querida amiga mía- que cuando escucha la palabrarefugiados no piensa en hombres. Cierra los ojos y ve mujeres con niños.

Viaje al corazón de las tinieblas
Testigo del horror: La piedra bajo el sol

En una habitación sin muebles esperan quince mujeres a punta de hambre

A Ayanna le advirtieron de que si su bebé no callaba lo tirarían al mar. Y lo hicieron

Ultrajar a las mujeres de otro clan es una de las formas que asume la venganza

“Tengo un sueño. Es un sueño pequeño, el de cada día: alguien me da una limosna”
-Habiba -le pregunto-, ¿no serás tú la reina de Saba?

¡¿What?!

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Cuando Médicos Sin Fronteras me propone visitar los campos de refugiados africanos en la República árabe de Yemen, lo primero que hago es releer un texto de 1934 en el que André Malraux cuenta cómo abordó un pequeño avión para sobrevolar esa región en busca de una mujer de 3.000 años de edad. Se trataba de la legendaria reina de Saba, soberana del incienso y de la mirra, nacida en algún punto incierto entre Yemen, Etiopía y Somalia. Poco después de su expedición, Malraux le anunciaba al mundo que había avistado desde el aire los vestigios del mítico imperio de Saba. Y sin embargo, a ella, a la Reina, nunca la encontró.

Nos acercarnos en jeep a Adén, en el extremo sur de Yemen. Ubicado sobre el golfo que lleva su mismo nombre, Adén mira hacia las desoladas costas del Cuerno de África, que le quedan a menos de 150 millas náuticas de distancia. Es el primer puerto que existió sobre el planeta. Allí fueron enterrados Caín y Abel, y construida el Arca de Noé, o al menos así está escrito; allí Arthur Rimbaud comerció con café, traficó con armas y renunció a escribir versos. Por las ventanas del jeep sólo vemos arena. Estamos en medio de ese mismo desierto yemení que en la historia antigua se tragó al ejército romano de Aecio Galo. Y de repente, como salida de la nada, aparece la reina de Saba. Es ella, no hay duda. Pero no la legendaria, sino la de carne y hueso. Y no la real, de realeza, sino la real de realidad.

Viene descalza, en medio de un grupo de 15 o 20 caminantes. Flaubert la imaginó vestida en brocado de oro con faralaes de perlas, azabaches y zafiros, pero no es así. Trae la ropa hecha jirones, arena en la boca, la mirada ausente y el cuerpo quemado por el sol y la sal. Se diría que es etíope por el color de su piel, que llaman nilótico en la suposición de que el tono, de un dorado tostado, es el mismo que el de las aguas del Nilo. Le preguntamos hacia dónde va. “A Arabia Saudí”, responde. Pero no tiene brújula, ni guía, ni fuerzas, y no sabe que camina justamente en la dirección opuesta.

Como ella, miles de etíopes y somalíes echan a andar desierto adentro a la buena de Dios, o de la mano de Alá, retando a la fatalidad y ahuyentando demonios. Han cruzado el golfo en una de las travesías más arriesgadas e inhumanas que se puedan concebir. Vienen huyendo de la guerra, del hambre y del odio, o como diría Malraux, de las tres caras de la muerte.

Trono de arena. Volvemos a ver a la señora de Saba unas horas más tarde, en la playa, pero esta vez es somalí. Antiguos textos abisinios la llaman Makeda. El Corán la llama Belkis y la presenta “en un trono magnífico”. Pero ella asegura llamarse Ayanna, trae un bebé en brazos y está sentada en la arena. Hace parte de los new arrivals, o recién llegados, tras un landing, o desembarco, traídos por los smugglers, o traficantes de personas. Los propios somalíes bautizan su éxodo con estos nombres en inglés; a fin de cuentas, aprendieron el idioma durante los años de dominación británica, una de tantas que han tenido que sobrellevar. También los franceses, los italianos, los rusos y Ronald Reagan saquearon su tierra, la convirtieron en campo de batalla y tras el retiro de las tropas la dejaron sembrada de armas, las mismas que luego fueron desenterradas por los asesinos locales: señores de la guerra, narcos, violadores, tiranos, piratas, clanes enfrentados, milicias vengadoras, smugglers. Hoy, las grandes naciones ni asoman por Somalia; la han dejado librada a la impiedad de su suerte. Nadie puede con ella, ardiente luna silenciosa que a todos espanta. En 1992, cuando ya el exterminio y la hambruna la habían arrasado, el mundo pareció apiadarse y mandó por fin ayuda humanitaria. Con resultados desastrosos: a los siete meses de su arribo, las fuerzas de Naciones Unidas la abandonaban, ametrallando en su huida a población civil desde helicópteros. A todos derrota la indómita Somalia, pero a quien más derrota, castiga y desangra es a sí misma. Me recita Habiba un viejo dicho somalí: “Con mi hermano contra el resto de la familia. Con mi familia contra mi clan. Con mi clan contra los demás clanes. Todos los clanes juntos contra el resto del mundo”. Conozco el fenómeno. También yo provengo de un país, Colombia, hundido en un atolladero histórico donde nos devoramos los unos a los otros. No por nada Colombia y Somalia comparten el mismo paralelo sobre el globo terráqueo.

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El bebé que Ayanna sostiene en brazos está vivo. Milagrosamente. Pese a estar exhausta y atónita, ella repite una letanía de frases secas, cortas. Dice a quien quiera oírla, o se dice a sí misma, que su niño venía llorando en el barco. Los smugglers le advirtieron que lo tirarían al mar si no lo callaba, pero cómo iba a callarlo, si ni agua tenía para darle. El niño siguió llorando y lo tiraron. Ella se tiró detrás, pudo agarrarlo antes de que se ahogara y nadó con él hasta la costa. Pero en el barco se le quedaron sus otros dos hijos. Luego los encontró, allí en la playa, vivos también. Uno de los refugiados que venían con ella en el barco los había ayudado a alcanzar la orilla.

No todos corren con la misma suerte. Barcos en los que sólo cabrían 30 o 40 personas son atiborrados con 120 o 150, en travesías que suelen durar entre tres y cinco días. Las soportan sin comer ni beber, a rayo de sol, entre orines, heces y vómitos propios y ajenos. A quien se mueva o proteste, los smugglers le descerrajan un correazo por la cabeza, la cara, la espalda, abriéndole la carne con la hebilla metálica del cinturón. Para no ser interceptados por la patrulla costera yemení, los barcos llegan de noche, dan media vuelta antes de alcanzar la orilla para emprender el regreso y en ese momento arrojan al agua su carga humana. En medio de la ciega negrura, algunos se ahogan porque no saben nadar. Otros, porque vienen entumidos tras permanecer tanto tiempo inmóviles y encogidos. Los hay que desaparecen nadando mar adentro, porque en la costa desierta no hay una luz que los guíe. Los etíopes llevan la peor parte. En el barco los hacinan abajo, en la bodega para el pescado, donde no es raro que mueran de asfixia, y una vez en Yemen no se les reconoce status de refugiados políticos, como sí a los somalíes. Por capricho de las convenciones internacionales, los etíopes son considerados simples migrantes económicos, y en cuanto tales pueden ser deportados.

Cuando emprenden el viaje, todos ellos saben del horror que les espera. No sólo lo saben, sino que duran meses juntando los 80 o 100 dólares que les cobran por el pasaje. “En el mar es posible que te mueras”, me dice Habiba, “pero si te quedas en Somalia, es seguro que te matan”.

Traídos por las aguas. Habiba huyó de Somalia hace siete años, también ella en patera, y hoy trabaja con los equipos de Médicos Sin Fronteras que patrullan la costa yemení a la espera de landings. Socorren a los recién llegados con primeros auxilios, agua, biscuits ricos en proteínas, ropa seca y chanclas de caucho, y les ofrecen transporte hasta un centro médico en la vecina Ahwar, donde podrán permanecer mientras se reponen. Al menos del cuerpo. Del extremo sufrimiento, la desesperanza y la muerte de los suyos, nadie podrá curarlos. Me cuentan que, hace unas semanas, entre los refugiados venía una muchacha muy bella. ¿Acaso no sería ella la reina de Saba? A lo mejor -condesciende Habiba-, pero al llegar a Yemen, los traficantes le impidieron bajarse del barco junto con los demás. Ella gritó, se volvió loca, intentó tirarse al agua, pero la amarraron. Se la llevaron de vuelta para violarla a su antojo.

Hussein, otro de los integrantes de MSF, me habla de la madrugada del pasado 15 de diciembre. “Imposible olvidar esa fecha”, dice. “Al llegar a casa me bañé, al otro día me bañé dos veces. Pero por más que me bañe, esa fecha no la olvido. Habíamos salido a patrullar por la costa y hacia las siete de la mañana divisamos siluetas. ¡Landing! Venían como zombis”, dice Hussein, “desnudos, con la expresión en blanco. Estaban muy mal, peor que otras veces. No reaccionaban. Al fin uno nos dijo lo que ya sospechábamos, que había volcado la patera en la que venían con otros 130 pasajeros. Atendimos a los vivos, corrimos hacia el mar y a lo largo de la playa fuimos encontrando los cadáveres. Muchos. Conté 57. Entre ellos había niños, adolescentes, mujeres embarazadas. Los cangrejos ya se estaban comiendo sus cuerpos. Los fuimos arrastrando lejos del agua, los tomamos fotos para que después sus familiares pudieran identificarlos, los metimos en bolsas plásticas. Trabajamos hasta que se cerró la oscuridad y no nos permitió seguir haciéndolo. Regresamos a la playa a primera hora del día siguiente y vimos que el mar había traído más cuerpos”.
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Los tres pisos de tu culpa. Jameelah lleva más de ocho años en el campo de Kharaz y sigue tan enferma como el día en que desembarcó. Las dolencias ya no están en su cuerpo, pero las carga en el alma. Se vino dejando atrás a su madre y a sus cinco hermanos. Trajo consigo a su único hijo, que murió durante la travesía de un golpe que le asestaron en la cabeza. A partir de entonces, tan pronto logra dormirse, Jameelah cae en una pesadilla que la martiriza. Sueña que un yenil, o demonio, la arrastra hacia una construcción de tres pisos donde la somete a juicio. En el primer piso, la condena por la muerte del hijo. En el segundo piso, la condena por abandonar a la madre y los hermanos. En el último piso también la condena, pero al despertar, ella no logra recordar por qué motivo era juzgada esa tercera vez. Jorge, uno de los psicólogos de MSF, le da un cuaderno y le pide “Jameelah, escribe tu sueño”. Ella lo hace. Jorge lee y le dice: “Ahora vamos a preparar tu defensa. La próxima vez vas a explicarle al yenil que viniste a Yemen para trabajar y enviarle dinero a tu madre, que no la abandonaste, ni tampoco a tus hermanos, y que a tu hijo no lo mataste tú, lo mataron los smugglers. Dile a ese yenilque no haces nada contra tu familia, al contrario, has intentado darle mejor vida, aunque la posibilidad no esté en tus manos”. El sueño de Jameelah se ha seguido repitiendo, pero ahora el yenil la absuelve en el primero y el segundo piso. Sin embargo en el tercero la condena, y ella sigue sin saber de qué la acusa. “La culpabilidad de las víctimas es un pozo sin fondo”, me dice Jorge, el psicólogo.

¿Salomón usaba guantes?

Está escrito que Makeda salió de Saba y cruzó el desierto en busca de Salomón, de quien le habían dicho que era un rey sabio. Las sabias están más bien aquí, pienso al visitar el consultorio médico en el campo de refugiados del ACNUR en Kharaz, en pleno desierto, a tres horas por carretera de Adén. Los médicos son dos muchachas yemeníes, la doctora Jazmin y la doctora Leila. Según la usanza en el país, ambas van tapadas con abaya y toca negras de la cabeza a los pies, salvo una mínima ranura por la cual pueden verte, y tú a ellas puedes verles los ojos. Jazmin debe de pertenecer a un clan más tradicionalista que Leila, porque lleva puesto, además, un par de guantes negros que no se quita en público. “No siempre es fácil atender a las refugiadas”, me dice. “Si sólo lidiaras con enfermedades, vaya y pase, pero tienes que enfrentarte a algo casi incurable, los prejuicios atávicos”.

Yo miro sus guantes, miro el denso velo que le oculta la cara, y no puedo creer lo que estoy escuchando. Afortunadamente, ella, sin darse por aludida, me sigue explicando. Me dice que en el campo hay una somalí destrozada por un dilema. Vivía en Mogadiscio cuando una tarde, al regresar a su casa, fue violada por los seis o siete integrantes de una milicia etíope. No sólo la violaron una y otra vez, sino que la hirieron con cuchillo, le rompieron un brazo de un culatazo y la abandonaron cuando la creyeron muerta. Es lo habitual allí: ultrajar a las mujeres de otro clan es una de las formas que asume la venganza. Alguien la encontró en coma, se las arregló para hacerla ver por un médico, y ella sobrevivió. Pero se convirtió en motivo de shame, vergüenza, para su familia somalí, por haber sido violada por etíopes. Luego se dio cuenta de que había quedado embarazada, y huyó de Somalia por temor a que sus propias gentes mataran a la criatura al nacer. Dejó en casa a sus cuatro hijos, logró cruzar el golfo y se presentó en el campo de Kharaz, pidiendo asilo. Allí, las doctoras Jazmin y Leila le atendieron el parto. El niño, que nació bien, tenía la piel oscura de los etíopes, así que con sólo verlo, cualquier somalí reconocería en él la sangre ajena. Desde Mogadiscio, la abuela le rogaba a la mujer que abandonara en Yemen al niño etíope y que volviera a casa a hacerse cargo de los otros cuatro, que estaban pasando hambre. Ella sabía bien que con el bebé no podría regresar. ¿Qué hacer? Estaba enferma de confusión, de angustia, de soledad. Los dos médicos tomaron el problema en sus manos. Le ayudaron a conseguir trabajo para que pudiese enviarles dinero a los hijos que dejó en Somalia, mientras permanece en Yemen con el más pequeño. Y le asignaron una madre sustituta que cuida al pequeño de tanto en tanto, mientras ella visita a los otros en Moga. Ni el propio Salomón hubiera salido con una solución tan salomónica.

La casa de las mendigas. En el calor lento de las seis de la tarde se fermenta un olor denso y ahumado a cardamomo y canela, a basura, orines e incienso. Estamos ahora en el laberinto de pasadizos de la barriada de Al Bassateen, en las goteras de Adén, donde sólo viven somalíes y half-castes, o yemeníes con sangre somalí. Desde hace un rato alguien me sigue, tirándome de la manga. Es una mujer con un recién nacido en brazos. Es una alyawm, una limosnera. “Vete a casa”, le dice Habiba, “tu niño está demasiado pequeño, ¿cuánto tiene de nacido?”. “Cuatro días”, responde la mujer, “lo parí aquí mismo, en la calle”. Nos lleva a donde vive, la casa de las mendigas. Doce o trece mujeres comparten un pequeño patio de tierra y a medio techar. Algunas se ven descarnadas y enfermas, y una de ellas no se mueve ya: espera acurrucada en un rincón, con la boca abierta y los ojos atónitos, a que le llegue la muerte. Syrad, la más enérgica y saludable, nos ofrece té. “En Al Bassateen, mendigar es el único oficio para una viuda”, dice. Si le pides limosna a un hombre yemení, se siente en la obligación de dártela. Es musulmán, la religión se lo ordena. Pero si es muy negociante, te pueden decir: “Toma estas monedas, tómalas; pero si me la chupas, te doy el triple”.

Le pregunto a otra de ellas qué espera de la vida, y responde que nada. “Recién llegada de Somalia tenía sueños”, dice, “porque pensaba que aquí la vida podía ser mejor. Ahora sé que no es mucho mejor. Bueno, sí, tengo un sueño, uno pequeño, el sueño de cada día: que alguien me dé una limosna”.

Caminamos luego hasta el famoso Bloque Tres, el sector de las dhillos, o prostitutas. Nos permiten entrar a una de las casas. En realidad es un patio casi igual al de las mendigas, pero en éste las mujeres son más jóvenes y han pegado en los muros afiches de Bollywood. Se envuelven el cuerpo en coloridas futas, llevan los brazos pintados de gena, anillos en los dedos de las manos y los pies, ajorcas en los tobillos y brazaletes en las muñecas. Nos ofrece el té un muchacho depilado y maquillado que parece ser de inferior rango porque las mujeres le dan órdenes. Colocan en torno al patio colchonetas de espuma de caucho, traen pequeños cojines para que Habiba y yo estemos más cómodas y rocían el ambiente con desodorante floral en spray. Ahora sí -escribo en mi libreta-, me encuentro entre las auténticas reinas de Saba, con todo, y almohadones, perfumes y joyas.
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Al principio ni mencionan su oficio, pero poco a poco aflojan y van contando las ventajas y los sinsabores de la vida que llevan. “Por aquí es costumbre que te paguen con comida”, dicen. “Te invitan a cenar y sales de ahí con el estómago lleno y las manos vacías. Otros te enciman el khat. Algunos clientes sólo piden que les dejes pasar la noche contigo. Se acuestan a tu lado y no hacen nada, salvo mascar khat. Están consumidos por el khat,que a la larga los deja impotentes. No les importa, lo siguen mascando, y nosotras también. Conseguimos suficiente khat para estar alegres, y suficiente comida para mantenernos vivas. Pero rara vez podemos juntar dinero para mandar a Somalia. Una opción mejor es trabajar en hoteles. Los taxistas te llevan hasta los hoteles a cambio de una mamada, y al regreso, igual. Como por aquí es raro ver un billete, los trabajos se pagan en especie. En el hotel limpias los cuartos, tiendes las camas, trapeas los pasillos y estás ahí para cumplir la voluntad del huésped. Cada tanto, el dueño nos lleva a un hospital a que nos revisen la sangre. Cuando caen huéspedes de Arabia Saudí, traen dinero en los bolsillos, y nosotras podemos mandar algo a casa para nuestros hijos”.

De repente se enciende la algarabía en el Bloque Tres. Se ha armado la trifulca y de todas las puertas salen mujeres dando gritos. Un cliente quiso volarse sin pagar, la damnificada dio la voz de alarma y ahora corren tras él. Lo alcanzan y le propinan una paliza. Aparentemente, sólo le cae encima una lluvia de puños, pero en realidad le causan heridas con los brazaletes de metal que llevan en las muñecas.

Un televisor y una cama. Es posible que Saná sea la ciudad más bella del planeta. Como sacada de Las mil y una noches, dicen las guías de turismo, y lo compruebas tan pronto atraviesas la vieja muralla por Bab al Yemen y te cae encima todo el prodigio del medioevo oriental. Afuera de la muralla, sin embargo, es otro el cantar: una modernidad destartalada, sucia e inconexa, con Internet lento y tráfico energúmeno. El último rincón de este adefesio urbanístico es la barriada popular de Safía, donde en una habitación sin muebles me esperan 15 mujeres, largas y esbeltas, a punta de hambre. Son algunas de las somalíes que sobreviven en la capital limpiando casas durante el día, y hacinándose de noche con sus hijos en habitaciones como ésta. Van cubiertas como las yemeníes, pero a medida que conversamos, se quitan la ropa negra y debajo aparecen las coloridas telas africanas. Iprah lleva un brazo enyesado; fue atropellada por un coche en las calles de Saná y no logró que la atendieran en ningún hospital hasta una semana después, cuando encontró a familiares que aceptaron pagar su cuenta. Yurop tiene la frente y una oreja quemadas. Hace un par de años intentó quitarse la vida por el medio tradicional de suicidio femenino en su tierra, que consiste en rociarse con combustible y prender un fósforo. Se lo impidieron unas vecinas, sofocando el fuego con mantas de lana.

Está escrito que cuando la reina de Saba se iba acercando a lomo de elefante, bajo su parasol rojo con campanitas de plata y respirando por la boca porque le oprimía el pecho un corsé de pedrería, era tal el esplendor que irradiaba, que la multitud, deslumbrada, se postraba en tierra a su paso. No les pasa otro tanto a las reinas de Safía, acostumbradas a soportar un sonoro “vete al infierno” cuando preguntan si necesitan quien haga la limpieza. “Desconfían de nosotras. Nos acusan de groseras y ladronas, y abusan. El otro día me quejé ante una señora: ‘Vigila a tu marido’, le dije, ‘quiere violarme’. Me respondió: ‘Y qué problema te haces, dale lo que quiere, ¿acaso no te pagamos en esta casa?”.

Las 15 mujeres están agotadas. Son ya las nueve pasadas de la noche, hace poco regresaron de sus rondas por la ciudad y acaban de alimentar a sus hijos con las sobras de comida que pudieron recoger. ¿Con qué sueñan, muchachas? Les pregunto antes de despedirme, y a coro me responden: “Con una cama y un televisor”. Y cómo no, comento, después de semejante jornada cualquiera quisiera echarse en una cama y poner la mente en blanco frente a una pantalla. “No, no es eso”. Yurop me explica: “La cama es para encadenar a los niños, ¿entiendes? No nos queda otro remedio. Tenemos que dejarlos solos durante todo el día, y si salen a la calle, cualquier cosa puede sucederles. La única solución es dejarlos amarrados a las patas de una cama. Cuando regresamos a la noche están hechos un desastre, lo primero que hacemos es lavarlos. Están orinados, cagados, lloran a gritos, se han peleado entre ellos, no han comido nada. El televisor es para que se entretengan mientras nos esperan”.

La humanidad sólo cuenta con unas cuantas líneas escritas que dan testimonio de la existencia de la reina de Saba: alguna referencia en la Biblia, poco más en el Corán, menciones en textos apócrifos, manuscritos perdidos en alguna biblioteca, un reportaje de André Malraux. Y unas ciertas cartas. También en Safía me entregan una docena de estas cartas. Le sucede a cualquier extranjero que se asome por Kharaz, por Ahwar, por Al Bazateen: sale con los bolsillos llenos de cartas que las refugiadas escriben en inglés y llevan a todos lados en bolsitas plásticas. Están copiadas a mano y van dirigidas a todos, a ninguno, a quien quiera escuchar. Pueden ser escuetas biografías de una o dos páginas, o anuncios de se busca: un hijo perdido en medio de la guerra, un esposo que emigró y no da señales de vida. Puede ser el nombre de una medicina que no logran conseguir para un hermano que se queda ciego, o para una abuela que sufre de los nervios. Puede ser también la denuncia de una violación en tal barrio, de una matanza en tal pueblo. Las más breves son apenas un nombre y una ubicación, me llamo tal, me encuentro en tal lugar. Cada una de estas cartas es un llamado imperceptible, un improbable acto de fe, como el “aquí estuvo fulano” que un desaparecido raya con la uña en el muro de una celda.

Testigos del horror: Yemen

VIDEO – EL PAÍS SEMANAL / MÉDICOS SIN FRONTERAS – 07-08-2009

La escritora colombiana Laura Restrepo viaja con EL PAÍS SEMANAL y Médicos Sin Fronteras a los campos de refugiados de Yemen, donde ha captado la situación de marginación y violencia que sufren las mujeres somalíes tras huir de su país – EL PAÍS SEMANAL / MÉDICOS SIN FRONTERAS

    Laura Restrepo

Laura Restrepo

A FONDO

Bogotá. 1950

09.9.agost.Logitech. 002 Música y Palabras desde el Corazón de LaMedina

¡20 años es suficiente!¡20 ans, Barakat!

 Cantando por el cambio.-

 En el verano de 2003, veinte músicas de Argelia, Francia y Argentina se juntaron en un estudio de grabación de París, Francia. Su misión: dar vuelta el Código de Familia de Argelia; un conjunto de leyes que, por más de 20 años, ha relegado a las mujeres a una ciudadanía de segunda. Su instrumento: la canción. Veinte años antes: el Código de Familia de Argelia El 9 de junio de 1984, después de dos décadas de debates y vehemente oposición, miembros del parlamento argelino lograron aprobar el Código de Familia, que dispuso provisiones legales para regular el matrimonio y las relaciones familiares de acuerdo a interpretaciones conservadoras del islam. Bajo el Código de Familia, las mujeres no pueden elegir libremente un marido sin el consentimiento de sus guardianes, por lo general, sus padres. Durante el matrimonio, deben obedecer a sus esposos. Las mujeres son menos libres de divorciarse. Reciben menores porcentajes de herencia, y no tienen custodia legal de sus hijos.

 Los partidarios alabaron el Código por defender las leyes y la ética islámicas. Los críticos, incluyendo feministas y secularistas, sostienen que las leyes han institucionalizado una ciudadanía de segunda clase para las mujeres. Las mujeres declaran “¡Veinte años es suficiente!”

 El año 2004 marcó el vigésimo aniversario del Código de Familia de Argelia. Determinadas a poner fin a la opresión sistemática de las mujeres aparejada por estas leyes, un grupo de argelinas formó el colectivo 20 ans, Barakat! (“¡20 años es suficiente!”) y produjo un video musical que denuncia el código. Veinte mujeres de orígenes diversos cantaron y grabaron la canción “Ouek dek yal qadi” (“¿Qué le pasó, juez?”) que proclama: “¡Esta ley debe deshacerse y no volver a hacerse nunca”. Difundido por la radio, la televisión francesa e Internet, el video musical resultante es un ejemplo de mujeres que trabajan en forma conjunta y creativa para reunir el público para cambiar la política argelina.

 En mayo de 2008, en Marrakech, Marruecos, IMOW se reunió con la directora de 20 ans, Barakat!, Caroline Brac de la Perrière, para hablar sobre la organización y su motivación para producir un video musical como una herramienta para revocar el Código de Familia de Argelia.

 ¿Cómo se formó su colectivo “20 ans, Barakat”? ¡En 2004, el Código de Familia iba a cumplir veinte años! Tengo una hija y pensaba: “Mi hija solo va a conocer el Código de Familia. No es posible. ¡No quiero eso!”. ¡Realmente ya hemos tenido suficiente! De ahí viene el nombre “Barakat” (“suficiente”). Barakat también es una referencia a la guerra por la independencia de Argelia (1954-1962). Al final de esa guerra de siete años contra Francia, los argelinos empezaron a luchar entre ellos. En reacción a la violencia persistente, la gente salió a las calles y dijo “¡Siete años Barakat!”. Pensamos que este nombre iba a resonar en la memoria de la gente.

 ¿Qué las motivó a usar la música como un método para la reforma? Queríamos realmente que la gente joven se uniera a nosotras porque ya nos estamos cansando y, bueno, poniendo viejas. Pensamos: “Bien. ¡Hagamos una canción!”. 

 ¿Pero qué clase de canción? Algunas personas amigas de ¡20 ans, Barakat! tenían relación con algunas músicas argelinas y gente de la radio. Eran todas muy bien conocidas y tenían conexiones con todos los músicos en Argelia y vivían en el exterior, en Francia, como nosotras. Así que pensamos: “Bueno. Deberíamos trabajar con ellas”. Incluso para ellas, será bueno. ¡Todos podemos hacer algo!

 ¿Fue mucho trabajo reunir a todos los artistas? Sí. Pero fue algo bueno que surgió de la diáspora, porque todo el mundo vivía en París. Así que hicimos el video en París. Todas las músicas que invitamos accedieron a participar, y lo hicieron gratis. También les preguntamos cómo era su relación con el Código de Familia y su propia vida como cantantes argelinas. Fuimos muy ambiciosas. Queríamos que le gustara a la gente joven. Queríamos una canción que incluso una mujer grande pudiera escuchar en la radio de la cocina. Como es probable que no saliera de su casa, queríamos que entendiera que la canción y el mensaje también estaban dirigidos a ella. Queríamos hacerla bien argelina con un sonido realmente argelino. Pero también tenía que ser algo bailable. Y queríamos que tres lenguas argelinas -árabe, bereber y francés- se escucharan en el video. Parece que involucraron a gente muy diferente, incluso hombres.

 ¿Por qué? Queríamos que todas las argelinas y los argelinos escucharan y se sintieran identificados, por eso invitamos a una mujer del sur de Argelia, una del oeste y del este. Tomamos mujeres de todos los orígenes. Tratamos de tener gente muy conocida también. Queríamos que la canción resonara en los migrantes. Entonces, en el clip, cuando ves mujeres que cantan en francés, son migrantes y, específicamente, argelinas migrantes. Aunque no saben árabe, son argelinas y están en el Código de Familia porque esas leyes te siguen a donde quieras que vayas. Logramos que todos los que participaron fueran cantantes profesionales; algunos reconocidos, otros pocos conocidos. Una de ellas aparece también en una telenovela en la TV argelina. Todo el mundo la ama. Así que nos alegró mucho que quisiera participar. Les pedimos a dos cantantes internacionales que vinieran. En el clip, se puede ver a Annie Flore Batchiellilys. Es la voz de oro de África. Y está Bárbara Luna, que es de Argentina. Aprendió a decir una frase en árabe así que realmente no podemos distinguir que viene de Argentina. Queríamos involucrar también a los hombres, por eso al final del video lo abrimos para ellos. De hecho, les pedimos a unos quince hombres que vinieran y solo cuatro respondieron. No nos brindaron apoyo. Pero de todos modos, están en el film. Queríamos que los hombres se involucraran porque, si bien era importante para nosotras hablar sobre la situación apremiante de las mujeres, también queríamos decir que el futuro nos concierne a todos.

 ¿Dónde se muestra el video? Nos preguntamos qué canales de televisión ve la gente de Argelia. Sabíamos que miraban mucho Al Jazeera, pero en ese momento, aun en 2004, miraban mucho los canales franceses. Intentamos con el canal francés, porque sabíamos que había solo un canal estatal en Argelia y tiene mucha censura. Así que el video se pasó especialmente en la TV para inmigrantes en Francia. Tengo muchos amigos en Argelia que me llamaron y me dijeron “¡Vi el video!”. Así que sabemos que allí se vio. Eso es bueno. La canción se pasó en la radio varias veces. No las suficientes para nosotras. Realmente queríamos que fuese un éxito. Es nuestra ambición. Aún no ha terminado.

 ¿Tienen alguna idea de qué clase de impacto tuvo el video? Como colectivo, somos demasiado débiles como para seguir lo que estamos haciendo. Creo que en los últimos dos años, desde 2006, nos hicimos un poco más fuertes. Pero realmente es solo el principio. Es bueno ver a toda esa gente joven en nuestra organización. Y no son solo mujeres. ¡Hay hombres jóvenes! Esto significa que al menos uno de los públicos a los que nos dirigimos está interesado. Si le gusta a la gente joven, quiere decir que tendrá éxito porque, si ellos quieren que sea conocido, lo lograrán. Debo decir que, desde que empezó nuestro movimiento, se hicieron revisiones al Código de Familia, en 2005. No sabemos y no podemos asegurar si nuestra campaña contribuyó a los cambios. Todos los días había un artículo sobre el Código de Familia en la prensa argelina.

 ¿Cómo cambió específicamente el Código de Familia? La obligación de la esposa de obedecer al marido fue removida, y eso es algo muy grande. Cuando no tienes que obedecer a tu marido, puedes hacer muchas cosas. Las mujeres divorciadas ahora tienen derechos de custodia y tutela de sus hijos. A una viuda, estas cosas le cambiarán la vida. Esto cambiará la vida de las mujeres, y de los hombres. La ley de divorcio no se tocó. Todavía no es igualitaria. En verdad, hubo muchos cambios, pero ninguno es muy claro. Pero, en conjunto, estamos felices con los cambios. Significa que el Código de Familia puede cambiarse y que algunos artículos pueden eliminarse. Antes, era tabú. Era muy difícil. No se podía hablar de eso. Ya no es un tema tabú.

 información compartida por: http://laciudadelasdiosas.blogpost.com

 Para más información… http://20ansbarakat.free.fr/

El Cambio Magnético y el Despertar Espiritual

El Cambio Está Sucediendo Ahora

UniVerso

 

Entrevista con Gregg Braden por Wynn Free

http://www.spiritofmaat.com/archive/jan3/braden.htm

 


Hay muchos indicadores científicos cuantificables que demuestran que la Tierra y el Sistema Solar están atravesando por cambios que nunca se habían producido con anterioridad en la historia humana registrada. Muchos psíquicos y canalizadores dicen que hemos entrado en el inicio de un cambio dimensional que ya está teniendo profundos efectos en las vidas de todos. Además, algunos predicen que en la próxima década entraremos en un proceso de Ascensión que consumará las profecías de Jesús.

 

Gregg Braden es probablemente la persona más reconocida de las que están evaluando y revelando los fenómenos científicos que indican dicho cambio. Quedó intrigado con todo esto cuando trabajaba para Phillips Petroleum a finales de los 1970s y se dio cuenta de que el magnetismo de la tierra estaba en su punto más bajo en 2000 años y seguía disminuyendo a una tasa rápida.

 

Con el tiempo Braden escribió un libro –Awakening to Zero Point– en el que documenta este y otros indicadores del rápido cambio de nuestro planeta.

 

Wynn: ¿Es verdad que los polos magnéticos de la tierra están ahora mismo en pleno proceso de cambio?

 

Gregg: En realidad desde mayo-junio-julio de 2002 las publicaciones científicas dan por ampliamente conocido y aceptado por primera vez que estamos en un proceso de inversión polar.

 

En los años 60 los geólogos estaban seguros de que la tierra atravesaba por una inversión así periódicamente. Los sabían por muestras subterráneas, de hielo y fósiles, así como por las partículas magnetizadas que quedaban encerradas en ciertas posiciones en el interior de las rocas terrestres. Los geólogos estaban tan seguros de ese fenómeno que de hecho tenían mapeados los últimos cuatro millones y medio de años, y los registros resultantes sugerían que la tierra había pasado por catorce de dichas inversiones de los polos.

 

En aquella época, 1961 y 1962, los científicos pensaban que la última inversión polar se produjo hacia la época de la última glaciación, hace de diez a doce mil años. También estaban seguros de que iba a volver a suceder, pero no antes de varios milenios, por lo que no había nada de lo que preocuparse.

 

Pero en los años 90 los geólogos se pusieron a perfeccionar este tipo de información. Se había estado diciendo que faltaban miles de años para que esto volviese a suceder. Empezaron diciendo aquello de: “Bueno, puede pasar pero dentro de unos milenios”. Pero ahora hay evidencia reciente que procede de muestras de hielo antártico y de Groenlandia que demuestra que eso podría volver a suceder tan pronto como en una década.

 

Ahora sabemos que en la actualidad los polos se están moviendo. Lo estamos viviendo ahora mismo. No sabemos con exactitud el significado de esto porque, aunque haya pasado catorce veces en los últimos cuatro millones y medio de años, nunca había sucedido con más de seis mil millones de personas viviendo en la tierra.

 

Wynn: ¿Estás diciendo que es de conocimiento generalizado?

 

Gregg: Es de común conocimiento entre las personas que deben saber estas cosas. Por ejemplo, los reglamentos de la Fuerza Aérea Americana dicen que, cuando los polos se mueven entre cinco y ocho grados, las pistas de los aeropuertos deben ser vueltas a numerar para hacer que las cifras se correspondan con los rumbos magnéticos que están viendo los pilotos. El primer aeropuerto de los Estados Unidos en cumplir esta norma fue Minneapolis/St. Paul, en el que se invirtieron del orden de ochenta y cinco mil dólares para renumerar y adecuar las cabeceras de las pistas.

 

Pero lo que sucedió en el contexto temporal de mayo-junio-julio de 2002 es que revistas como Nature, Science, Scientific American y New Scientist publicaron artículos en los que se afirmaba que definitivamente nos encontramos en un proceso de inversión magnética, y las notas de agencia de Associated Press lo recogieron.

 

Los científicos no tienen idea acerca de cuál va a ser el impacto de esto en las rejillas de fuerza electrónicas y electromagnéticas. Es más, no saben lo que supondrá para el sistema inmunológico humano. Ciertas modalidades alternativas de sanación han demostrado la conexión entre el sistema inmunológico y el magnetismo, lo cual también podría llevar aparejado que nuestros sistemas inmunológicos muy bien podrían estar sintonizados con los campos magnéticos de la tierra.

 

Sabemos que las aves y los animales migran siguiendo las líneas esos campos magnéticos. De ahí que se especule con que los cambios que se están produciendo en esos campos magnéticos sean los responsables del cambio en los patrones migratorios de las aves que se han registrado en Asia y en Norteamérica.

 

El cambio en los campos también podría explicar por qué las ballenas se están varando. Las líneas de navegación que siguieron las ballenas siempre han cambiado y ahora las conducen a la playa. Cuando las devolvemos al mar y las liberamos, ellas vuelven a alinearse con las mismas líneas magnéticas y, al seguirlas, vuelven a terminar en la playa.

 

Por lo tanto sí, es de conocimiento generalizado. Las revistas científicas más respetadas dicen que ya estamos en este cambio. Y aunque no sepamos con precisión lo que esto supone, es significativo que esté siendo algo reconocido por esa clase de literatura contrastada y no sólo por revistas especulativas o pseudocientíficas.

 

Wynn: ¿Cuándo se reconoció por primera vez este cambio magnético?

 

Gregg: Debe haber sido hacia junio o julio de 2002. La gente me envió correos avisando de que lo habían visto y dándome las referencias. También yo mismo encontré referencias en las revistas.

 

Wynn: ¿Sobreviviremos a una inversión polar completa?

 

Gregg: Cualquier respuesta a esa pregunta necesariamente pertenece al reino de la especulación, porque en la historia de los registros humanos tradicionales nunca ha sucedido. Por otro lado, hay tradiciones nativas y antiguas tradiciones bíblicas hebreas que sugieren que puede haberse producido un cambio magnético más recientemente que durante la última glaciación. Eso fue hace 10.000 o 12.000 años, pero dichas tradiciones sugieren que el último cambio puede haber pasado tan recientemente como hace sólo 3.600 años.

 

Las legendas nativas hablan de un día hace 3.600 años cuando el sol salió por el oeste como siempre lo había hecho, permaneciendo en el cielo más de un día entero para ponerse después por el este, pero al día siguiente salió por el este y se puso por el oeste, como lo hace hoy en día. Las tradiciones hebreas también cuentan este suceso, añadiendo que sucedió durante una batalla. Los antiguos hebreos lo tomaron como una señal de que uno de los bandos recibió ayuda celestial porque estuvo en la luz lo suficiente para completar la batalla a su favor.

 

No podemos verificar esto por las rocas o los registros fósiles porque 3.600 años es un periodo de tiempo demasiado corto para que tal acontecimiento se refleje en ellos. Lo único que tenemos son tradiciones, leyendas y mitos preservados en documentos escritos y orales.

 

Sin embargo, lo que nos cuenta la tradición es que, si fuese a pasar algo así, la gente de la tierra sobreviviría a ello. Se viviría un día realmente extraño pero, si las antiguas leyendas son ciertas, aquello pasó y la gente aparentemente sobrevivió. Pero no sabemos cómo afectó esto a sus vidas.

 

Wynn: ¿Tienes alguna idea acerca de cómo podría alterar la conciencia este cambio magnético?

 

Gregg: La especulación es que hay una correlación entre el magnetismo y la conciencia. A fin de que comprendamos como pudiera funcionar esa conexión, resulta práctico compararla con la memoria de un ordenador. Los campos magnéticos de la memoria se mantienen en su lugar gracias a una carga eléctrica -una carga circulante- que está en el interior del propio ordenador. Cuando las baterías del ordenador se terminan, la carga se agota y la memoria se pierde. Tenemos que volver a instalar el sistema operativo.

 

De manera similar, tanto investigadores como descendientes de pueblos indígenas creen que, cuando la tierra pase por lo que la ciencia considera una inversión magnética, también atravesará por un enorme cambio y limpieza de su conciencia. No habrá nada que sostenga todos esos patrones magnéticos que fueron instalados. Por tanto, cuando seamos despertados por este cambio seremos conscientes de nuestra verdadera naturaleza, nuestra verdadera esencia. Y la memoria de todo lo malo, de todas las cosas malas que han pasado, todo el resentimiento y el ego y lo que hemos tenido los unos en contra de los otros como individuos y como naciones dejará de ser parte de esa nueva conciencia, de esa nueva rejilla.

 

Desde ese punto de vista, muchas tradiciones predicen, sienten o especulan que estamos aproximándonos al tiempo de lo que ellos llaman la Gran Limpieza, y que esa limpieza está produciéndose a nivel de la memoria central consciente.

 

Wynn: Entonces es posible asumir que nuestra memoria está conectada de alguna manera con este campo magnético

 

Gregg: Eso creo. Lo creo debido a los extraños relatos de los astronautas que salieron de la tierra y viajaron al espacio durante el Programa Apolo. Al abandonar la atmósfera de la tierra y orbitar el planeta a muchas millas de su superficie, los efectos del magnetismo terrestre sobre ellos eran insignificantes. Y los astronautas empezaron a tener experiencias para las que no estaban preparados ni habían sido entrenados, experiencias completamente inesperadas.


Cuando estaban en el espacio y contemplaban la tierra, empezaban a tener sentimientos y percepciones, despertares y sensaciones que nunca tuvieron cuando estaban en ella. Esto significó algo diferente para cada uno de ellos.

 

De manera muy similar, amigos míos que estuvieron en Vietnam volvieron completamente cambiados. Aquello cambió a todos. Para algunos de ellos, el cambio fue tan doloroso que nunca pudieron ni siquiera hablar de ello pero, para las vidas de otros, ese cambio fue un catalizador y hablan incesantemente de ello.

 

Y creo que ahora ha habido un programa especial del Public Broadcasting Service que documenta este mismo fenómeno con los astronautas, que nunca volvieron a ser los mismos después. Cuando regresaron, algunos no sabían qué pensar de su experiencia en el espacio exterior. Algunos cayeron en el alcohol y las drogas. Otros canalizaron el cambio que se produjo en ellos mediante proyectos muy positivos que afianzaron sus vidas.

 

Uno de los de este último grupo fue el Dr. Edgar Mitchell, que fundó la Noetic Sciences Organization (Organización de Ciencias Noéticas) en un esfuerzo por corroborar el fenómeno de la conciencia humana. Otro astronauta emprendió la búsqueda del Arca de Noé y terminó encontrándola metida en el hielo del Monte Ararat, exactamente donde la Biblia dijo que estaría.

 

Wynn: Entonces la implicación señalada es que estos astronautas, debido a haber dejado el campo magnético de la tierra, han tenido algún tipo de despertar espiritual.

 

Gregg: Desde luego pasaron por una catarsis cuando no estaban bajo la influencia del campo magnético de la tierra.

 

Vemos que también pasa algo similar cuando observamos los campos magnéticos de la tierra. Su presencia sobre la superficie de la tierra no es constante, y los mapas de curvas disponibles del Servicio geológico de los estados Unidos muestran las intensidades variables de los campos magnéticos sobre la superficie de la tierra, dónde son de una intensidad muy alta y dónde son de una intensidad muy baja.

 

Dichos campos han ido cambiando con el tiempo y en realidad podrían dar cuenta de por qué las poblaciones humanas migraron a los lugares a los que lo hicieron. Han debido ir siguiendo estas curvas de nivel magnético.

 

Lo que sucede es que en los lugares de magnetismo muy bajo, donde los campos son prácticamente inapreciables, parecen producirse innovaciones y cambios tremendos. Donde el magnetismo es tradicionalmente alto se encuentran sitios de estancamiento en los que los cambios, pese a producirse, tardan mucho tiempo y después sobrevienen muy lentamente.


Si yo llegase aquí procedente de otro mundo y no supiese nada sobre la gente de la tierra, y estuviese buscando un sitio donde la oportunidad de cambio fuese máxima, yo buscaría las curvas de valor cero. Y si observas un mapa actual del magnetismo de la tierra, encontrarás una curva de nivel cero que corre a lo largo de la Costa Oeste de Norteamérica, subiendo a lo largo de la costa de California hasta la de Alaska. En otras palabras, ¡el magnetismo a lo largo de la Costa Oeste es casi nulo!

 

Cuando pensamos en la Costa Oeste, pensamos en la alocada California. Bien, la verdad es que California es una semilla, una de varias, y tradicionalmente ha sido muy innovadora en tecnología, ciencia, moda, finanzas y artes, debido a que allí hay una oportunidad cambio tremenda.

 

Dentro de Norteamérica, la contracara de esto sería la zona de máximo magnetismo, en la que los campos magnéticos son los más densos. Y la encuentras en el interior de algunos estados sureños, los mismos estados tradicionalmente considerados conservadores. Esto no significa que allí no pueda haber ningún cambio. En vez de esto, lo que señala es que ese cambio tarda mucho más tiempo y la gente tiene que ver una razón verdaderamente buena para salirse de lo que siempre estuvieron haciendo.

 

Wynn: Entonces, donde el campo magnético es menos denso, ¿la gente está más abierta a lo que surja en el momento?

 

Gregg: Está abierta al cambio, punto. Eso no significa que el cambio sea ni bueno ni malo, ni correcto ni incorrecto. Es importante que sea claro acerca de esto. La conciencia de la gente será lo que determine cómo se producirá ese cambio.

 

Daré un ejemplo irónico. Hay una curva de nivel cero que corre justo por la mitad de Oriente Medio. En realidad corre casi directamente sobre la zona del Canal Suez, pasando justo sobre Israel, a todo lo largo de la costa del Mar Rojo. Sí, justo en esa zona hay una curva de nivel cero. Esto supone que la zona esta avocada al cambio. Pero nuevamente, el modo en el que llegue el cambio (ya sea pacífico y constructivo o iracundo y destructivo- estará determinado por la conciencia de la gente que vive allí.

 

Wynn: Entonces ¿esto no es ni bueno ni malo?

 

Gregg: Exacto. Sencillamente es una oportunidad para el cambio. Al mismo tiempo, las curvas de mayor nivel de magnetismo de todas las del planeta tierra han estado tradicionalmente sobre partes de la antigua Unión Soviética, Rusia y Siberia. Sabemos que en esa parte del mundo ha estado emplazado un sistema estacionario y que, cuando ha sobrevenido algún cambio, éste ha sido lento y doloroso, de largo plazo y se ha producido con mucho sufrimiento. Pero cuando ha sucedido, ha producido un efecto cascada, ha sido casi de la noche a la mañana.

 

Por tanto, las correlaciones entre la conciencia humana, las oportunidades para la innovación, para el cambio, para hacer las cosas de una manera nueva, y el magnetismo de nuestro mundo, son muy interesantes.

 

La Tierra tiene muchas regiones de alto y bajo potencial de cambio.

 

Wynn: Nuestros lectores van a querer saber cuál es la mejor manera que tienen de afrontar los cambios que se están produciendo en nuestro mundo en su conjunto.

 

Gregg: Seré tan conciso como pueda. Creo que la respuesta a eso quizás está mejor encriptada en las palabras quienes nos precedieron, los antiguos Esenios, en un texto que tiene más de 2.500 años. Nos recuerda nuestra relación con el mundo que nos rodea, y simplemente dice que nuestro mundo no es nada más ni nada menos que un espejo de aquello en lo que nos hemos convertido en nuestro interior.

 

Por lo tanto, cuando contemplamos desde esa perspectiva un mundo que parece cruel, descerebrado y colérico, que produce sufrimiento a nuestras hermanas y hermanos de todo el planeta, ese mundo es un espejo de aquello en lo que nos hemos convertido como individuos, familias, sociedades y naciones. No es bueno ni malo, ni correcto o incorrecto. Simplemente es un reflejo de quienes somos. La condición del planeta es un mecanismo de retroalimentación.

 

Entonces, si queremos ver cambios en nuestro mundo, debemos convertirnos en ese cambio en nuestras vidas cotidianas. Si queremos ver paz, tolerancia, entendimiento, compasión y perdón a nivel global, debemos convertirnos en eso. En la mesa de la cena. Con nuestras familias. Debemos convertirnos en eso en nuestras escuelas.

 

Debemos pedir que se nos entretenga mediante la paz, la compasión y la comprensión. Eso no tiene por qué ser tedioso o aburrido. Puede seguir siendo emocionante, pero no tiene por qué ser brutal, descerebrado, cruel o despiadado.

 

En nuestras vidas diarias, a cada momento de cada día, hacemos la elección que niega o afirma la vida en nuestros cuerpos. Porque estamos vinculados mediante esa rejilla. Todas nuestras elecciones individuales quedan depositadas en esa respuesta colectiva a nuestro futuro.

 

Si queremos ver un cambio colectivo, tenemos que convertirnos en ese cambio individualmente.

 

Wynn: Tenemos esta fecha de 2012 en la que mucha gente está diciendo que es el momento del cambio global o Ascensión. ¿Qué crees que va a pasar?

 

Gregg: La fecha de 2012 es interesante porque aparece en las tradiciones mayas y egipcias, en algunas tradiciones cristianas e, incluso, en el código bíblico (que es, en sí mismo, algo muy controvertido).

 

Tengo la sensación de que esa fecha podría ser cualquier fecha. Si nos concentramos en una fecha y vivimos nuestras vidas preparándonos para el cambio en esa fecha, nos perdemos la vida. Desde mi punto de vista basta con que nos limitemos sencillamente a vivir al máximo cada día, con que conciliemos las experiencias que se nos cruzan cada día en nuestro camino, con que aprovechemos las oportunidades de honrar la vida, de honrar nuestras relaciones mutuas.

 

Siendo honestos, dignos de confianza, considerados, cariñosos y compasivos, viviendo esto cada día, ya estamos preparados para cualquier cosa que posiblemente pueda venir en 2012 o cualquier otro día de otro año o en cualquier momento de nuestro futuro.

 

Conozco gente que están viviendo sus vidas guardando contenedores llenos de comida y municiones, preparándose para el día en el que nuestro mundo cambie. Lo entiendo, y creo que está bien ser autosuficiente. Entiendo lo que están expresando. Pero lo que veo también es que dedican una parte demasiado grande de sus vidas a prepararse para ese día y se pierden la belleza y el misterio de la vida que se despliega cada día. ¡Percibir esa belleza y ese misterio es lo que nos prepara para los mayores desafíos!

 

Wynn: Entonces básicamente, si lo que queremos es aprovechar este cambio con el mejor resultado positivo posible para nosotros, ¿la clave está en que vivamos cada día dando de nosotros el máximo amor y la mayor compasión?

 

Gregg: Sí y, para que así sea, tenemos que vivir cada día de manera consciente. Ser conscientes de las oportunidades. Reconocer las oportunidades que nos salen al paso. Cada día se nos ofrece la oportunidad de ser tolerantes con otros sistemas de creencias, de perdonar a alguien que nos haya herido o enojado, de enmendar nuestros juicios acerca de lo que debería o no debería pasar en nuestro mundo.

 

Si podemos conciliar todas esas cosas cuando se nos cruzan y manejarlas conscientemente en ese momento, sabiendo que al cambiar la manera en que nos sentimos cambiamos la química de nuestro cuerpo, estaremos preparados para cualquier transición que la tierra vaya a atravesar.

 

No sé si todo esto tendrá sentido.

 

Wynn: Sí, para mí lo tiene. ¿Queda algo verdaderamente importante que decir como cierre para nuestros lectores que podamos habernos dejado?

 

Gregg: Por primera vez en nuestra historia, el destino de nuestra especie, de toda nuestra especie, descansa sobre las elecciones de una sola generación. Y lo que acabamos de hacer es hablar de en qué consisten algunas de esas elecciones.

 

Traducción: Paloma Fernández Fernández. artesyoficios@arnet.com.ar

 

Desde: http://www.tartessos.info

 

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